sábado, 15 de agosto de 2009

Una refutación del argumento antrópico o hay más vida inteligente extreterrestre de lo que se piensa.


La vida inteligente fuera de la Tierra puede que no sea algo tan improbable como muchos científicos piensan, según un nuevo estudio que cuestiona un razonamiento muy popular en contra de la existencia de inteligencia extraterrestre.

Muchos escépticos promocionan una idea llamada el argumento antrópico de Carter que afirma que la inteligencia extraterrestre debe ser muy rara porque el tiempo necesario para que evolucione vida inteligente es, en promedio, mucho mayor que la parte de la existencia de una estrella que es propicia para la vida. En un artículo aparecido recientemente en Astrobiology, el equipo de Milan Cirkovic, del Observatorio Astronómico de Belgrado (Serbia), afirma haber encontrado un fallo en el razonamiento.

El argumento antrópico, propuesto por el astrofísico Brandon Carter en 1983, se basa en la asunción de que existen dos escalas temporales completamente independientes: el ciclo vital de las estrellas y el tiempo necesario para la evolución de criaturas inteligentes. Si esto es cierto, argumenta Carter, es extremadamente improbable que estas dos ventanas de posibilidad duren aproximadamente la misma cantidad de tiempo y que ocurran simultáneamente.

Pero según Cirkovic, esta forma de pensar está anticuada. De hecho, afirma que las escalas temporales relevantes no son independientes, sino que están profundamente entrelazadas. La idea principal es que los planetas no son cajas aisladas, lo que permite proponer diversos modelos de desarrollo astrobiológico.

Cirkovic pone como ejemplos los brotes de rayos gamma, las supernovas cercanas y las perturbaciones en las nubes de cometas como posibles acontecimientos en el entorno astrofísico de una estrella que pueden influir en el entorno biológico de un planeta. Así, cuando una estrella viaja a través de uno de los brazos densos de la Vía Láctea, tanto su propio desarrollo como el de sus planetas pueden verse perturbados por los mayores niveles de radiación electromagnética interestelar y de rayos cósmicos, debidos a una mayor frecuencia de regiones de formación de estrellas y de explosiones de supernova.

Según Cirkovic et al., pues, todas estas influencias se unen para descartar la independencia sugerida por Carter, relacionando la vida de una estrella y la evolución de la vida en sus planetas.

En el caso de la Tierra, las dos escalas temporales se han alineado por casualidad para permitir la vida. Nuestro Sol tiene unos 4.600 millones de años, y la Tierra es algo más joven, 4.500 millones de años. Las primeras y más básicas células se cree que se formaron en nuestro planeta hace unos 3.800 millones de años, aunque el genero homo, al que pertenecemos los humanos, no apareció hasta hace 2,5 millones de años. Y los humanos modernos tenemos, como mucho, 200.000 años de antigüedad.

Durante más del 80 por ciento de la existencia del Sol, la vida ha existido en alguna forma en la Tierra. Parece que las escalas temporales de la biología y la astrofísica se han alineado favorablemente en nuestro caso. Según el argumento antrópico, esta coincidencia significa que la Tierra, y su vida, son únicas. Pero Cirkovic piensa que estas dos escalas temporales puede que no hayan coincidido al azar. Al contrario, puede que esta coincidencia sea parte de una historia más compleja, que incluya la interdependencia de la Tierra con el resto de la Vía Láctea.

Los acontecimientos espaciales como los brotes de rayos gamma o las supernovas cercanas podrían poner a cero el reloj astrobiológico dando a un planeta otra oportunidad para sincronizarse y producir vida. Los brotes de rayos gamma son misteriosas explosiones que emiten enormes cantidades de energía, que tienen lugar bien en las explosiones de estrellas supermasivas (como Eta carinae, en la imagen) o en colisiones de estrellas de neutrones en sistemas binarios próximos. Si un brote de rayos gamma tiene lugar en una amplia región del espacio cerca de un sistema planetario, podría causar un fogonazo de radiación y posiblemente chorros de rayos cósmicos que podrían perturbar la vida en los planetas. Las explosiones de supernova, aunque no tan energéticas como los brotes de rayos gamma (pero en conjunto mucho más frecuentes), también pueden enviar una descarga de energía a un planeta cercano.

Así pues, un brote de rayos gamma no afectaría a si la vida comienza o no en un momento particular pero sí afectaría a lo rápido que la vida se desarrolla, o se afirma, causando cambios en la química de la atmósfera del planeta. Esto es lo que puede interpretarse como poner a cero el reloj astrobiológico de cualquier planeta habitable de la galaxia.

Esta idea lleva a una nueva forma de pensar acerca del origen de la vida. En vez de una evolución larga y gradual, un acontecimiento catastrófico pudo espolear el desarrollo de una biosfera compleja y de seres inteligentes, términos muy parecidos a la teoría del equilibrio puntuado, según la cual las especies pasan por largos períodos de evolución lenta puntuados por breves episodios de cambios bruscos.

La Tierra ha experimentado a lo largo de su historia muchas extinciones masivas que han tenido distintas causas. Aunque las extinciones barren la vida, también “ponen a cero” el medio ambiente y permiten que surjan otros tipos de vida. La vida en la Tierra ha podido tener varios comienzos. En conjunto, esto es parte del complejo grupo de historias astrobiológicas que Cirkovic et al. llaman el “paisaje astrobiológico” de nuestra galaxia.

Cirkovic también señala que la evolución de la vida inteligente puede ocurrir más rápida o lentamente en diferentes entornos y que no tiene porqué seguir la historia astrobiológica de la Vía Láctea.

Una última consecuencia interesante de la hipótesis de Cirkovic es que las correlaciones a gran escala hacen que haya más objetivos SETI (búsqueda de inteligencia extraterrestre) contemporáneos a nosotros de los que proporciona la distribución de la edad planetaria por sí sola. En otras palabras, habría más inteligencia extraterrestre ahora mismo de lo que se piensa.

Referencia:

Ćirković, M., Vukotić, B., & Dragićević, I. (2009). Galactic Punctuated Equilibrium: How to Undermine Carter's Anthropic Argument in Astrobiology Astrobiology, 9 (5), 491-501 DOI: 10.1089/ast.2007.0200

3 comentarios:

Anónimo dijo...

>el genero homo, al que pertenecemos los humanos, no apareció hasta hace 2.500 millones de años.
2.5 millones de años no?

César dijo...

Correcto. Corregido. Muchas gracias.

Sebastian Cespedes Montero dijo...

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Saludos.

ps: excelente post.