sábado, 8 de agosto de 2009

La evolución humana continúa.


En 1948, 5.209 residentes de una ciudad mediana de Nueva Inglaterra (EE.UU.) se apuntaron a lo que sería el estudio médico más largo y sistemático del mundo. El Estudio Framingham del Corazón (EFC), como fue llamado, fue el primero en demostrar que el tabaco, la obesidad o los niveles altos de colesterol incrementaban la probabilidad de desarrollar una enfermedad cardiovascular. Seis décadas después, es el primer estudio multigeneracional humano que pone de manifiesto que algunos de estos rasgos están sujetos activamente a selección natural.

La noticia debería sorprender a muchos médicos. Desde la época de Charles Darwin la actitud predominante entre los practicantes de la medicina ha sido que la evolución no opera en los humanos ya que la medicina moderna y la cultura han homogeneizado las tasas de supervivencia. La misma idea se encuentra en algunos importantes biólogos evolucionistas, el más famoso Stephen Jay Gould.

La posición del equipo que está analizando los datos del EFC, dirigidos por Stephen Stearns de la Universidad de Yale (EE.UU.), no es ésta precisamente, sino que sigue el razonamiento siguiente. Las tasas de de supervivencia se han nivelado, particularmente entre niños, a pesar de lo cual las tasas de nacimiento siguen siendo muy variables. Simplemente algunas personas tienen más niños que otras. Y si hay variación en el éxito reproductor, y algunos rasgos heredables están asociados a esa variación, entonces la selección natural debería estar actuando. Demostrar la selección natural en humanos, sin embargo, requiere multitud de datos recogidos en generaciones sucesivas. Y aquí es donde entra el EFC.

En 2005, Stearns se unió a Raju Govindaraju (Universidad de Boston y antiguo director del Laboratorio Genético del EFC), Douglas Ewbank (Universidad de Pensilvania) y a Sean Byars (Universidad de Yale) para estudiar los datos del EFC desde una perspectiva evolutiva.

Comenzaron estudiando un puñado de rasgos relevantes desde el punto de vista médico por sus efectos en las tasas de vida reproductiva de las mujeres. Midieron las asociaciones estadísticas entre los rasgos y el tamaño de familia en las primeras dos generaciones de mujeres del EFC para estimar la fortaleza de la selección natural.

Los primeros resultados muestran que las mujeres con niveles más bajos de colesterol, menor presión arterial, menor nivel de glucosa en sangre, y mujeres que concebían jóvenes y alcanzaban la menopausia más tarde, todas tenían mayor descendencia. Un modelo basado en los datos (que corrige los factores sociales que también influyen en la fertilidad) predice que los niveles de todos estos rasgos que tienen una base genética cambiarán en la siguiente generación. Pero esto no continuará indefinidamente: si la selección siguiese reduciendo el colesterol más allá de ciertos límites no se podría formar un cerebro.

Llama la atención que en lo anterior no se ha mencionado la genética como herramienta de análisis. Los investigadores no la han empleado en esta parte del trabajo, como tampoco lo hizo Darwin cuando estudiaba la selección natural, que puede ser demostrada simplemente mostrando que, estadísticamente, un rasgo puede ser heredable y llevar a mayor número de descendientes.

Los resultados permiten pensar en los fenotipos humanos de una forma mucho más dinámica y permiten a los investigadores hacer predicciones a corto plazo acerca de la evolución futura de la humanidad.

En la siguiente fase del estudio el equipo se está centrando en la reproducción masculina y están combinando los análisis fenotípicos con datos del EFC sobre polimorfismos de un sólo nucleótido a nivel de todo el genoma para buscar firmas genéticas de los compromisos entre supervivencia y reproducción.

Los resultados de Stearns et al. aparecerán en un suplemento especial de los Proceedings of the National Academy of Sciences.

[La imagen que ilustra esta entrada, Human Evolution, es obra de Claudio Altesor]