jueves, 26 de noviembre de 2009

Oímos por la piel.


Es conocido desde hace años que también oímos con nuestros ojos. En un estudio histórico publicado en 1976, los investigadores daban cuenta de sus hallazgos de que las personas integraban señales tanto auditivas como visuales, como los movimientos de la boca y de la cara, cuando escuchaban un discurso.

Ese estudio, y muchos que siguieron, suscitaron esta cuestión fundamental acerca de la percepción del discurso: Si los humanos pueden integrar diferentes señales sensoriales, ¿lo hacen por aprendizaje (viendo miles de caras parlantes a lo largo del tiempo) o es algo innato, algo que la evolución ha grabado genéticamente?

Un nuevo estudio que se centra en un conjunto diferente de señales sensoriales se suma a un número creciente de pruebas que indican que esta integración es algo innato. En un artículo publicado en Nature, Bryan Gick y Donald Derrick, de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá), informan de que la gente puede oír con su piel.

Los investigadores hicieron que una serie de voluntarios escuchasen sílabas habladas mientras estaban conectados a un dispositivo que lanzaba simultáneamente un soplido de aire en la piel de su mano o de su cuello. Las sílabas eran “pa” y “ta”, que la boca produce un breve soplido al pronunciarlas, y “ba” y “da”, que no lo produce. Encontraron que los sujetos que oían “ba” o “da” mientras se soplaba aire a su piel, percibían el sonido como “pa” o “ta”.

Estos descubrimientos son similares a los de 1976, en el que las señales visuales modificaban las auditivas: los sujetos escuchaban a una sílaba pero percibí otra porque estaban viendo una película de movimientos de la boca que correspondía a otra sílaba. En el estudio de Gick y Derrick las señales sensoriales de la piel modifican las que recibimos del oído, en definitiva nuestra piel es la que dice qué oímos.

El estímulo es muy sutil, lo que sugiere que es muy potente. Los humanos estamos integrando la información que proviene de la piel in ni siquiera ser conscientes de ello, lo que refuerza la idea de que la integración de las diferentes señales sensoriales es innata.

Por otra parte, los investigadores sugieren que puede que hayan otras señales que se están integrando durante la percepción del discurso: “somos unas máquinas perceptivas tan fantásticas que incorporamos toda la información disponible y la integramos a la perfección”.

Referencia:

Gick, B., & Derrick, D. (2009). Aero-tactile integration in speech perception Nature, 462 (7272), 502-504 DOI: 10.1038/nature08572