miércoles, 18 de noviembre de 2009

Más grande no es necesariamente mejor: la inteligencia de los insectos pone en perspectiva la de los vertebrados.


Los animales con cerebros más grandes no son necesariamente más inteligentes. Entonces, ¿para qué sirven? En un trabajo de revisión publicado en Current Biology, Lars Chittka, del Queen Mary College (Reino Unido), y Jeremy Niven, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), analizan la información disponible, incluyendo la referente a insectos, y apuntan algunas respuestas muy interesantes.

Los intentos de relacionar el tamaño del cerebro con el comportamiento y la cognición en raras ocasiones han tenido en cuenta los datos de insectos y se ha limitado a los vertebrados. La investigación ha demostrado repetidamente que los insectos son capaces de algunos comportamientos inteligentes que anteriormente se pensaba que eran exclusivos de animales más grandes. Las abejas, por ejemplo, pueden contar, categorizar objetos similares como perros o caras de personas, comprender “igual” y “diferente” y diferenciar entre formas simétricas y asimétricas.

De lo anterior ya se puede sacar una primera conclusión. El tamaño corporal es la forma más sencilla y mejor para predecir el tamaño del cerebro de un animal; sin embargo, no podemos afirmar que el tamaño se correlacione positivamente con el comportamiento inteligente.

Las diferencias en el tamaño del cerebro entre animales son extremas: el cerebro de una ballena puede pesar hasta 9 kilos (con unos 200 millones de células nerviosas), y los cerebros humanos varían entre 1,25 y 1,45 kilos (con unos 85 millones de células nerviosas). El cerebro de una abeja pesa 1 miligramo y contiene menos de 1 millón de células nerviosas.

Aunque algunos incrementos en el tamaño del cerebro realmente afectan a la capacidad para el comportamiento inteligente, muchas diferencias de tamaño solamente existen en regiones cerebrales específicas. Esto se ve a menudo en animales con sentidos muy desarrollados (como la vista o el oído) o con una habilidad muy desarrollada para realizar movimientos muy precisos. El incremento de tamaño permite al cerebro funcionar con mayor detalle, con una resolución más fina, con mayor sensibilidad o con mayor precisión: en otras palabras, con más de lo mismo.

Chittka y Niven concluyen que las investigaciones realizadas apuntan a que los animales necesitan un cerebro mayor simplemente porque hay más cosas que controlar. Por ejemplo, se necesitan más nervios y más grandes para mover músculos más grandes.

En los cerebros más grandes, según los autores, no se suele encontrar mayor complejidad, sino repeticiones sobre repeticiones de los mismos circuitos neuronales. Esto puede añadir detalles a las imágenes o sonidos que se recuerdan, pero no añade un ápice de complejidad. Por usar una analogía con los ordenadores, los cerebros más grandes podrían en muchos casos tener discos duros más grandes, no necesariamente mejores procesadores.

Esto quiere decir que mucho del pensamiento “avanzado” puede hacerse con un número muy limitado de neuronas. Los modelos por ordenador muestran que inclusa la consciencia podría generarse con un número muy pequeño de circuitos neuronales, que en teoría podrían entrar caber en el cerebro de un insecto. De hecho, los modelos sugieren que contar podría conseguirse con sólo unos cuantos centenares de células nerviosas y con sólo unas miles podría bastar para generar la consciencia.

Darwin intuyó lo que ahora revela la investigación. Escribió en 1871 en “El origen del hombre, y la selección en relación al sexo” lo siguiente: Es cierto que puede haber una extraordinaria actividad con una masa de materia nerviosa extremadamente pequeña; así los maravillosamente diversos instintos, poderes mentales y afectos de las hormigas son bien conocidos, y sin embargo sus ganglios cerebrales no llegan a un cuarto de la cabeza de un alfiler pequeño. Bajo este punto de vista, el cerebro de una hormiga es uno de los átomos de materia más maravillosos del mundo, incluso más que el cerebro del hombre.

[En la imagen, estructura del cerebro de la abeja. Tomada del Atlas virtual del cerebro de la abeja / Universidad Libre de Berlín]

Referencia:

Chittka, L., & Niven, J. (2009). Are Bigger Brains Better? Current Biology, 19 (21) DOI: 10.1016/j.cub.2009.08.023