lunes, 11 de mayo de 2009

Reflejos visuales: la extraordinaria historia de A.H.

Al observador casual, la estudiante parecía absolutamente normal. Aunque cometía errores a menudo de ortografía y matemáticas, se atribuían habitualmente a descuidos. Después de todo, la chica, a la que llamaremos AH, era una estudiante sobresaliente de historia en la universidad Johns Hopkins.

Sin embargo, lo que de verdad padecía AH era un extraordinario déficit en percepción visual que hacía que usualmente viese los objetos en el lado opuesto de donde estaban realmente. Era un déficit que Michael McCloskey, profesor de ciencia cognitiva en la Johns Hopkins, descubrió mientras trabajaba con la estudiante en los últimos años 90 del pasado siglo.

 “Cuando AH mira un objeto, lo ve claramente y sabe lo que es, pero habitualmente está completamente equivocada sobre dónde está”, explica McCloskey, que ha pasado años estudiando el caso. “Por ejemplo, ella puede extender la mano para agarrar una taza de café que ella ve a su izquierda, pero fallar estrepitosamente porque está a su derecha. Y cuando ella ve un icono en la parte de arriba de su pantalla de ordenador, puede que realmente esté en la parte de abajo”.

 “No hay nada mal en los ojos de AH”, aclara McCloskey. “El problema está en cómo su cerebro procesa las señales que recibe de sus ojos”.

El resultado de la investigación de McCloskey, que abarca ya casi dos décadas, es un libro titulado “Visual Reflections: A Perceptual Deficit and Its Implications”, recientemente publicado por Oxford University Press. En el libro, McCloskey discute el déficit de AH y explica cómo ella fue capaz de adaptarse y compensar tan bien. El libro también describe cómo los errores de percepción de AH, combinados con muchas otras pistas, llevaron a McCloskey a algunas conclusiones muy interesantes acerca de cómo percibimos el mundo.

El estudio de AH ha revelado que el cerebro codifica dónde están las cosas: algunas partes del cerebro visual usa códigos muy parecidos a un sistema coordenado (x,y). También que el sistema visual tiene dos caminos separados,  uno para percibir los objetos estables, que no se mueven, y otro para los objetos que se mueven o cambian de alguna manera. AH tiene el camino para los objetos estables anormal, pero el de los objetos en movimiento normal.

Una de las lecciones más importantes aprendidas en este estudio es que la visión no es algo tan sencillo como pensamos que es. Las señales enviadas desde nuestros ojos al cerebro deben someterse a un procesamiento complejo en varias regiones del cerebro antes de que podamos ver la escena en frente de nosotros. Si el procesamiento no funciona bien vemos, literalmente, algo diferente de lo que está realmente allí.

La capacidad de AH para compensar sus limitaciones le han permitido convertirse en la mujer de éxito que es.