jueves, 21 de mayo de 2009

El infierno en la Tierra no fue tan malo.



Hace unos cuatro mil millones de años, llovían asteroides y cometas sobre nuestro planeta con tal intensidad que aquello era lo más parecido al infierno que se puede imaginar. Los geólogos han llamado a esta época el eón hadeico por aquello del país de los muertos griego (Hades) [estrictamente hablando lo tendrían que haber llamado eón tartárico, por el Tártaro, sección del Hades correspondiente al infierno cristiano, ya que el Hades también incluía los Campos Elíseos, equivalente al paraíso]. De acuerdo con un nuevo estudio que se publica hoy en Nature, estas condiciones infernales no habrían sido suficientes para acabar con la vida primitiva que, incluso, podría haber florecido en los cráteres, calientes y húmedos, dejados por los impactos.

La historia primitiva de la Tierra estuvo marcada por acontecimientos tremendamente violentos. Poco después de su formación hace 4.600 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte impactó contra ella, generando como resultado, entre otros muchos escombros, la Luna. Cuando la Tierra se estaba enfriando después del impacto, los restos de la formación del Sistema Solar impactaban continuamente sobre ella en forma de meteoritos fundamentalmente. Este bombardeo tuvo fluctuaciones en intensidad, siendo su último pico hace 3.900 millones de años, período llamado último bombardeo intenso del eón hadeico.

El bombardeo podía haber eliminado la vida incipiente de la faz de la Tierra. De hecho, los primeros cálculos sugerían que algunos de los meteoritos más grandes, de varios cientos de kilómetros de diámetro (el tamaño de la Gran Bretaña),  podían haber vaporizado los océanos y esterilizado el planeta un kilómetro por debajo de la superficie al impactar. Sin embargo, en los últimos años los análisis de los registros químicos e isotópicos preservados en minúsculos cristales rocosos han mostrado que las condiciones tan sólo 200 millones de años después de la formación de la Luna eran relativamente lo suficientemente moderadas como para permitir la vida.

Las nuevas simulaciones que han realizado Oleg Abramov y Stephen Mojzsis de la Universidad de Colorado en Boulder (EE.UU.) respaldan estos resultados. El trabajo ha consistido en calcular qué ocurre con el calor que se produce en los grandes impactos en los que se vaporiza el meteorito y se funde la corteza en el lugar de la colisión. En las simulaciones, estos impactos no generan tanto calor continuo como se pensaba inicialmente. Incluso en el último pico de bombardeo, suficiente agua se podría haber filtrado a través de la corteza calentada como para enfriarla rápidamente [zonas azules de la imagen creada por los investigadores; las rojas corresponden a impactos]. También asumen, basándose en los estudios recientes sobre microorganismos hallados a grandes profundidades, que la vida pudo haber prosperado en la roca hasta una profundidad de 4 kilómetros, lo que la pondría fuera del radio de acción de los impactos.

Pero los investigadores no se quedan ahí. No sólo la vida habría sobrevivido al último bombardeo intenso sino que podría haber surgido hace 4.300 millones de años, cientos de millones de años antes de lo que sugieren los registros geológicos. Esto podría explicar porqué los primeros ancestros de la vida actual se cree que fueron organismos termófilos (amantes del calor): una forma de vida como esta podría haberse basado en las fuentes de aguas termales muy anteriores al último bombardeo intenso.

 

Más información:

La Tierra era habitable hace 4.300 millones de años

Abramov, O., & Mojzsis, S. (2009). Microbial habitability of the Hadean Earth during the late heavy bombardment Nature, 459 (7245), 419-422 DOI: 10.1038/nature08015