martes, 23 de noviembre de 2010

Aracnofobia: el cerebro ante los miedos evolutivos.


En un famoso discurso Franklin Delano Roosevelt aseguró a sus conciudadanos que “lo único a lo que tenemos que temer es al miedo mismo”. El equipo de Dean Mobbs, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) ha querido introducir “el miedo mismo” en un entorno experimental en trozos manejables para inducir terror. Con objeto de revelar el circuito cerebral relacionado con el miedo ha recurrido a su encarnación material: una tarántula.

Las arañas hace mucho tiempo que ponen nerviosos a los humanos. Aunque éstos se mantengan relativamente tranquilos ante la presencia de un arácnido lejos de su espacio personal, los seres humanos vienen equipados con una necesidad innata de evitar el contacto con cualquier cosa semoviente, por pequeña que sea, que tenga más de seis patas. Hay estudios que afirman que más de la mitad de las mujeres y casi un quinto de los varones padecen aracnofobia. Dado que un encuentro con algunas de las especies más venenosas podría haber significado la muerte para los ancestros de los humanos actuales, algunos psicólogos evolutivos creen que estamos ante una predisposición evolutiva.

Todo esto hace de las arañas el estímulo espeluznante ideal con el que comprobar las respuestas humanas a las amenazas percibidas. El equipo de Mobbs estaba particularmente interesado en ver cómo el cerebro distingue entre lo cerca que está una amenaza y si ésta se acerca o se aleja. Publican sus resultados en los Proceedings of the National Academy of Sciences.

El equipo pidió a 25 voluntarios que se tumbasen en un escáner de resonancia magnética funcional (fMRI) con un pie en el primer compartimento de una caja construida expresamente para el experimento. La caja tenía otros cinco compartimentos, cada uno de 18 centímetros de longitud, todos separados por paredes que podían ser retiradas. Los participantes podían ver por vídeo la caja y sus contenidos, incluido su pie desnudo. A continuación el equipo introducía una tarántula en uno de los compartimentos vacíos elegido al azar. En pruebas posteriores, se les decía a los sujetos en qué compartimento se introduciría la tarántula a continuación y se les pedía que predijesen lo asustados que estarían cuando esto se hiciese. Entonces veían la tarántula viva deslizarse en el compartimento indicado y se les preguntaba por su estado de terror. Los investigadores hacían una pequeña trampa para asegurarse de que la tarántula se movía siempre igual para todos los probandos, usando videos pregrabados (de hecho, dos voluntarios se dieron cuenta de la trampa y sus datos hubieron de descartarse)

Los investigadores encontraron que el patrón de la actividad cerebral de sus voluntarios cambiaba dependiendo de en qué compartimento se colocaba la tarántula. Si se colocaba alejada del pie del voluntario la red básica del miedo, centrada en la amígdala, se mostraba tranquila mientras que el córtex prefrontal, habitualmente implicado en el razonamiento abstracto, estaba activo. Lo contrario ocurría cuando el compartimento estaba próximo al pie del sujeto.

Independientemente de en qué compartimiento estuviese la tarántula, si ésta comenzaba a deslizarse hacia el pie del sujeto, una susbsección concreta de la red del miedo, la que se piensa que es el circuito del pánico, se disparaba. Dado que esto ocurría independientemente de la distancia al pie, los datos del fMRI sugieren que los cerebros humanos tienen un mecanismo especializado para determinar la dirección del movimiento de una amenaza inminente. Los investigadores también encontraron que cuando el valor que habían predicho que iban a mostrar los sujetos no era igualado por la realidad, los mecanismos neurológicos implicados eran los mismos que se activan cuando alguien recibe un susto repentino.

La idea tras esta investigación es ser capaz de ayudar al diagnóstico y tratamiento de las fobias que, como el miedo a las serpientes o arañas, a las alturas o a estar confinado en un lugar cerrado, pueden tener un origen evolutivo. El miedo al miedo mismo puede que no entre en esta categoría.

Información complementaria sobre este estudio en El cerebro humano y las arañas

Referencia:


Mobbs, D., Yu, R., Rowe, J., Eich, H., FeldmanHall, O., & Dalgleish, T. (2010). Neural activity associated with monitoring the oscillating threat value of a tarantula Proceedings of the National Academy of Sciences DOI: 10.1073/pnas.1009076107

2 comentarios:

Jesús dijo...

Ni que lo hubiéramos hecho a propósito. ¿Has visto el índice de Research Blogging? XD

César dijo...

Sí lo he visto, sí. Yo creo que con los dos enfoques distintos que le hemos dado han quedado dos entradas muy complementarias.