lunes, 26 de octubre de 2009

Planetas terrestres a la vuelta de la esquina: un posible nuevo método de detección de exoplanetas.


Un equipo de investigadores liderado por Jorge Meléndez, de la Universidad de Oporto (Portugal), propone un nuevo método para la búsqueda de exoplanetas terrestres basándose en la composición de la estrella del sistema. Su trabajo se publica en The Astrophysical Journal Letters.


En la actualidad se han descubierto cientos de exoplanetas orbitando estrellas. Sin embargo, la mayoría de ellos son gigantes gaseosos en vez de rocosos como la Tierra. Esto se debe probablemente a que los dos métodos empleados actualmente funcionan mejor con planetas grandes.


El equipo de Meléndez tuvo la idea de usar la composición química de la estrella como método para determinar la existencia de planetas rocosos tras comparar los espectros de absorción del Sol con los de 11 “gemelas solares” (estrellas que son similares físicamente al Sol) y 10 “análogas solares” (que son un poco menos parecidas). Las mediciones se hicieron usando el telescopio Magallanes del Observatorio Las Campanas (Chile) y el telescopio Keck (Hawái; EE.UU.).


Estudios anteriores, menos precisos, habían apuntado la idea de que la composición química del Sol era la típica de las estrellas. Meléndez et ál. dicen exactamente lo contrario: la composición del Sol es “bastante inusual”. Comparado con las gemelas solares, el Sol tiene la misma cantidad de elementos ligeros como carbono y oxígeno. Los elementos más pesados, como el aluminio, el hierro y el níquel, muestran una abundancia del 10 al 20% menor.


Según los investigadores existe una fuerte correlación entre la distribución de las abundancias de los elementos con sus temperaturas de condensación. Sugieren que los elementos con las temperaturas de condensación más altas, los llamados elementos refractarios, que “faltan” en la composición de la estrella estarían en los planetas. El proceso propuesto sería que durante la formación del Sol algo del gas condensaría como el polvo que finalmente formaría los planetas. El gas, ya sin polvo, continuaría su camino hacia el Sol.


Hay otras características del Sistema Solar que apoyan la idea del equipo de Meléndez de que la ausencia de elementos refractarios en el Sol podría ligarse a la presencia de planetas rocosos. Así, por ejemplo, la masa total de los elementos que faltarían en el Sol es similar a la cantidad total que se encuentra en los cuatro planetas rocosos (Mercurio, Venus, Tierra y Marte). O, también, que la corteza terrestre contiene relativamente pocos elementos ligeros y más pesados comparada con el Sol.


La propuesta de Meléndez et ál. es muy interesante, pero es básicamente una hipótesis basada en correlaciones (que, como sabemos, no implican causalidades). Hacen falta muchos más datos para confirmarla y, después, afinar un método. En el caso de que resulte fiable, es interesante señalar que una de las estrellas más similares al Sol según el estudio es Alpha Centauri, por lo que una observación directa de planetas rocosos sería más fácil al estar tan cerca de nosotros, a tan sólo 4,37 años luz. Tendríamos planetas como la Tierra a la vuelta de la esquina.


Referencia:


Meléndez, J., Asplund, M., Gustafsson, B., & Yong, D. (2009). THE PECULIAR SOLAR COMPOSITION AND ITS POSSIBLE RELATION TO PLANET FORMATION The Astrophysical Journal, 704 (1) DOI: 10.1088/0004-637X/704/1/L66