miércoles, 14 de octubre de 2009

Los macacos también caen en el valle inquietante.


La gente que suele ver cine lo más probable es que no conozca el término, pero sí sabe que es mucho más fácil emocionarse con los dibujos desproporcionados de humanos de “Los Increíbles”, por ejemplo, que con los casi realistas de The Polar Express [en la imagen; cortesía de Warner Bros.]. Los espectadores se sienten emocionalmente desestabilizados por las imágenes de humanos artificiales que se han diseñado para que parezcan lo más humanas posible y que parecen realistas y no-realistas al mismo tiempo. Esta sensación es lo que se llama el “valle inquietante”. Los investigadores de la Universidad de Princeton (EE.UU.) Asif Ghazanfar y Shawn Steckenfinger han descubierto que los macacos también lo sienten. Es la primera vez que se descubre en un animal no humano. Sus resultados aparecen publicados en los Proceedings of the National Academy of Sciences.

La hipótesis del valle inquietante fue propuesta por el especialista en robótica japonés Masahiro Mori en 1970. Lo de “valle” se refiere a un brusco descenso en la gráfica que representa la reacción positiva de un humano como respuesta a una imagen (“familiaridad”) en un eje y el antropomorfismo (“parecido humano”) de un robot en el otro. A las personas nos gusta estudiar otras caras humanas así como los rostros que son claramente no humanos, como el de una muñeca o un dibujo animado. Pero cuando la imagen no es una cosa ni la otra (cerca de lo humano pero claramente sin serlo) causa una sensación de repugnancia. Así, por ejemplo, hubo críticos que calificaron The Polar Express como “escalofriante” o “inquietante”.

En los experimentos, los monos, que normalmente arrullan y se relamen los labios para llamar la atención de los otros monos, apartan rápidamente la mirada y se muestran asustados cuando se enfrentan a las imágenes casi reales. Cuando se les induce a que miren detenidamente tanto a las caras reales como a las casi reales, sin embargo, miran éstas más a menudo y durante más tiempo.

El trabajo es importante porque indica que existe una base biológica para el valle inquietante y apoya las teorías que proponen que los mecanismos cerebrales tras el valle inquietante son adaptaciones evolutivas.

A pesar del amplio reconocimiento del valle inquietante como un fenómeno real, no existe una explicación convincente del mismo. Una teoría sugiere que es el resultado de un mecanismo de “respuesta de asco” que permite a los humanos evitar la enfermedad. Otra idea sostiene que el fenómeno es un indicador de las capacidades altamente evolucionadas para el reconocimiento de caras que tenemos los humanos. Otros han sugerido que la apariencia de cadáver de algunas imágenes provoca un miedo innato a la muerte. Y hay quien afirma que la respuesta ilustra lo que se percibe como una amenaza a la identidad humana.

Por otra parte, el resultado tiene implicaciones prácticas inmediatas para etólogos, psicólogos cognitivos que estudien la percepción humana, neurocientíficos cognitivos que estudien el comportamiento social de los primates, diseñadores de robots humanoides y, por supuesto, diseñadores de personajes humanos de dibujos animados.

Referencia:

Steckenfinger, S., & Ghazanfar, A. (2009). Monkey visual behavior falls into the uncanny valley Proceedings of the National Academy of Sciences DOI: 10.1073/pnas.0910063106

2 comentarios:

José Carlos Maguiña dijo...

César, felicitaciones por los post y por el blog.

Los temas superinteresantes y aún más porque reportan los avances en distintos campos relacionados con La educación, psicología, Evolución , etc. etc. cuyo mayor valor es que nos tienen al tanto de los nuevos paradigmas en el conocimiento humano.

Bien por todo.

Atte. José Carlos Maguiña.

PS: "El valle..." es comparable a un arquetipo?

César dijo...

Gracias, José Carlos.

El valle no es más que un nombre que se da a un hecho experimental, por lo que yo no le atribuiría valor simbólico alguno al mismo. Este estudio demuestra que tiene su raíz en elementos puramente biológicos por lo que su interpretación en términos psicológicos á la Jung no ha lugar, siempre según mi opinión, ya que se trataría más de un constructo que de la realidad objetiva.
Por otra parte, la consideración de arquetipo en términos de la biología del XIX quedó demodé hace tiempo.

Un cordial saludo.