viernes, 23 de octubre de 2009

La función evolutiva del apéndice.


En muchos textos puede encontrarse la afirmación de que el apéndice vermiforme o cecal no tiene función conocida y que se trata de un vestigio de cuando era necesario digerir celulosa. Una investigación llevada a cabo por un equipo de investigadores encabezados por H.F. Smith de la Universidad de Arizona en Phoenix (EE.UU.) afirma, sin embargo, que el apéndice es un órgano especializado en albergar bacterias simbióticas esenciales para la salud. El estudio, basado en una comparativa anatómica y filogenética, se ha publicado en el Journal of Evolutionary Biology.

Para los humanos, la utilidad de tener un apéndice parece despreciable y, dada la prevalencia de la apendicitis, tener apéndice podría considerarse hasta peligroso. Este accesorio del intestino ha sido considerado durante mucho tiempo un vestigio de la época en la que los homínidos comían una alta proporción de vegetales que necesitaban una fermentación antes de poder ser digeridos. Más recientemente se ha propuesto que el apéndice juega un papel en el mantenimiento, mediado por el sistema inmune, de bacterias simbióticas en el intestino.

Efectivamente, el mejor conocimiento adquirido recientemente sobre la inmunidad en el intestino apunta a que la función aparente del apéndice en los mamíferos sería la de refugio de los microbios simbióticos del intestino, preservando la flora durante los momentos de infección gastrointestinal. Esta función favorecería la evolución y mantenimiento del apéndice, y esta es la idea que Smith et ál. intentan probar en su estudio en el que analizan la evolución del apéndice en los mamíferos.

El análisis anatómico comparativo llevado a cabo por el equipo de investigadores revela la presencia de tres morfotipos (variantes) de apéndice en los mamíferos, así como estructuras parecidas a apéndices en algunas especies que carecen de un apéndice verdadero. Los análisis cladísticos indican, por otra parte, que el apéndice ha evolucionado independientemente al menos dos veces: al menos una vez en los marsupiales diprodontes (canguros, koalas, etc.) y al menos otra en los Euarchontoglires (lo que incluye a los primates). No sólo eso, el apéndice además tiene una marcada señal filogenética en su distribución y ha sido mantenido en la evolución de los mamíferos durante, por lo menos, 80 millones de años. Todos estos datos indican que el apéndice cumple una función.

La diarrea era un peligro habitual durante la evolución de la humanidad. Dado que la apertura del apéndice es estrecha, puede escapar de la colonización por patógenos bacterianos. La reconstitución de las colonias de bacterias simbiontes, lo que conocemos como flora intestinal, después de una diarrea se produciría rápidamente a través de las poblaciones refugiadas en el apéndice. Por tanto, lejos de ser inútil, la selección positiva habría demostrado la utilidad del apéndice actuando para mantenerlo.

Referencia:

SMITH, H., FISHER, R., EVERETT, M., THOMAS, A., RANDAL BOLLINGER, R., & PARKER, W. (2009). Comparative anatomy and phylogenetic distribution of the mammalian cecal appendix Journal of Evolutionary Biology, 22 (10), 1984-1999 DOI: 10.1111/j.1420-9101.2009.01809.x

4 comentarios:

Montagon dijo...

Todo lo que hay en nuestro cuerpo tiene una función, sino la misma evolución lo habría quitado.

Felicidades por el Blog, me gusta. Un saludo.

César dijo...

Muchas gracias, muy amable.

Isaac dijo...

Me operaron de las amígdalas cuando era joven. Había la teoría de que sobraban partes del cuerpo, como el apéndice y las amígdalas. ¡ Que falta de humildad, que prepotencia ! ¿Como puede sobrar una parte del cuerpo? Estos son algunos de los médicos que tenemos. ¿No os da un poco de miedo caer en sus manos?

César dijo...

Gracias por el comentario, Isaac.

Hay partes del cuerpo que no tienen en los humanos la función que sí tienen en otras especies. Así, el vello corporal o las uñas han perdido su sentido fisiológico, quedando sólo como señal evolutiva de atractivo. Siguiendo la misma lógica, ¿por qué no pensar que las amigdalas o el apéndice son vestigios sin función real?

La ciencia médica no es algo acabado, cada día se descubren nuevas cosas, algunas de ellas interrelaciones increíbles. ¿Quién iba a pensar que un neurotransmisor regula la liberación de insulina en el páncreas "desde dentro"? ¿O que un ácido graso saturado que provoca aterioesclerosis es clave en la formación de los receptores NMDA?

La medicina, y los médicos, son como los ordenadores: los de hace diez años no son los de ahora; ni los de ahora son como serán dentro de diez años. Igual que los ordenadores, tienes que usar, y fiarte, de lo que dispones en cada momento.

Un cordial saludo.