sábado, 17 de octubre de 2009

Me fío de ti porque soy guapo.


Una buena apariencia te puede ser muy útil. Los extraños evalúan a la gente atractiva como más digna de confianza y más honesta. Las estadísticas afirman, por si esto fuese poco, que los guapos ganan más dinero. Ahora, el equipo de Lisa DeBruine de la Universidad de Aberdeen (Reino Unido) informa en un artículo en Evolution and Human Behavior que este tratamiento deferencial hacia los guapos puede hacer que éstos se sientan más confiados cuando saben que los demás los pueden ver

Los psicólogos y los economistas saben desde hace mucho que la gente actúa de forma distinta cuando se la observa. En los juegos económicos que piden a los participantes que repartan una cantidad de dinero, los sujetos tienden a ser más generosos cuando los experimentadores simplemente colocan fotografías de ojos en la sala de experimentación.

Dado que la sociedad trata a la gente atractiva de forma diferente, el equipo de investigadores intentó determinar si el efecto de ser observado dependía de la apariencia de una persona. Para averiguarlo, los investigadores reclutaron 78 estudiantes de psicología de su universidad para que participaran en un juego. A los estudiantes se les presentaba una alternativa: dividir una suma de dinero en dos o confiar en un oponente que iba a dividir una suma mayor. Un jugador podía ganar más dinero confiando en el oponente.

Para provocar el efecto de estar siendo observado, los investigadores hicieron fotografías de los estudiantes y les dijeron que en algunas rondas los oponentes verían su foto y en otras no. Pero los investigadores estaban engañando a los sujetos: no existían oponentes. DeBruine y sus colegas se centraban únicamente en la decisión de los estudiantes sobre cuándo tenían que fiarse.

El equipo necesitaba una medida objetiva del atractivo de los participantes por lo que se eligió un jurado de 10 personas, no relacionadas con los participantes, para que les diesen una puntuación de 1 (feo) a 7 (guapísimo). Por otra parte los participantes también tenían que evaluarse a sí mismos según la misma escala.

Los estudiantes que el jurado consideró que eran más atractivos confiaban más en el oponente cuando se les decía que los oponentes podían ver su foto que cuando no. ¿Cuánto más numéricamente? El tercio considerado más atractivo confió un 69% más cuando suponían que podían ser vistos que cuando se les decía que los oponentes no los podían ver. ¿Y los feos? El tercio considerado menos atractivo confiaba en el oponente un 31% menos cuando suponían que les podían ver.

Esto por lo que respecta a las evaluaciones del jurado, porque no se apreciaba correlación estadísticamente significativa entre las autoevaluaciones y los aumentos o disminuciones de confianza. ¿Cómo es esto posible? Es algo aprendido: la gente considerada atractiva, aunque ellos no se estimen en tanto, termina dándose cuenta que le va mejor en las interacciones cara a cara que por teléfono. Así, aunque no estén pensando explícitamente en su atractivo, deciden concertar una cita para negociar algo que perfectamente pueden resolver por teléfono. Porque lo importante no es cómo yo piense que soy, sino cómo pienso que los demás creen que soy.

Referencia:

Smith, F., Debruine, L., Jones, B., Krupp, D., Welling, L., & Conway, C. (2009). Attractiveness qualifies the effect of observation on trusting behavior in an economic game Evolution and Human Behavior, 30 (6), 393-397 DOI: 10.1016/j.evolhumbehav.2009.06.003