viernes, 21 de mayo de 2010

La vida maravillosa continúa.


Algunos descubrimientos son tan inusuales que se emplean años, décadas y algunas veces siglos en comprender su significado completo. Uno de estos descubrimientos es un lugar llamado Burgess Shale, que contiene un registro fósil de las más extrañas criaturas que vivieron hace 505 millones de años. Fue descubierto en las Montañas Rocosas canadienses hace más de un siglo y se hizo famoso tras el libro "Wonderful Life" (Vida maravillosa) de Stephen Jay Gould. Durante mucho tiempo se ha creído que la curiosa fauna que vivió allí desapareció en una serie de extinciones basándose simplemente en que termina el registro fósil. Pero ya no parece que sea así.

Burgess Shale apareció poco después de un periodo conocido como la explosión del Cámbrico, en el que surgieron la mayoría de grupos de animales complejos en un intervalo de tiempo sorprendentemente corto. Hace más de 560 millones de años la mayor parte de seres vivos eran o bien células individuales o simples colonias de células. Entonces, por razones que continúan siendo un misterio, la vida se diversificó masivamente y se volvió aún más compleja ya que la tasa de evolución aumentó. Una característica inusual de Burgess Shale es que es uno de los estratos de fósiles más antiguos que contienen impresiones de las partes blandas de los animales. Uno de los secretos mejor guardados de la paleontología es que los fósiles no son un registro de la vida que existía en un determinado momento, sino un registro de la vida con huesos y conchas.

Aunque el estrato de fósiles se descubrió en una montaña, cuando estos animales estaban vivos merodeaban bajo un océano, cuyo lecho fue más tarde levantado por los movimientos tectónicos para crear las Montañas Rocosas. Nadie sabe exactamente por qué estaban tan bien preservados. Una posibilidad es que estas criaturas fueran enterradas rápidamente y en unas condiciones no apropiadas para la descomposición de las partes blandas del cuerpo por bacterias.

Los que trabajaron primero en Burgess Shale, desenterrando 65.000 especímenes durante un período de 14 años hasta 1924, dieron por sentado que los fósiles provenían de miembros extintos de grupos de animales que existen hoy día. Esto resultó ser una traba a la investigación, ya que las criaturas eran tan inusuales que todavía es difícil clasificarlas.

El Opabinia regalis, por ejemplo, tenía unos 8 centímetros, cinco ojos, un cuerpo que eran una especie de lóbulos, una cola con forma de ventilador y comía usando una larga probóscide (una “trompa”). Pero es que, al final de la probóscide, tenía una conjunto de pinzas que usaba para agarrar la comida y llevársela a la boca.

El Nectocaris ptyrex, parecía poco más o menos una sanguijuela, pero con aletas y tentáculos.

El rey de la rareza era, sin duda, el bien llamado el pequeño (3 milímetros) Hallucigenia sparsa. Tenía múltiples espinas y tentáculos y nada en él tiene sentido. No se sabe muy bien qué parte iba arriba y cuál abajo, por qué agujero entraba la comida y por cuál otro salía. Se ha llegado a pensar que era un apéndice de otro animal mayor.

Los paleontólogos han pensado durante mucho tiempo que los animales de Burgess Shale son ejemplos de experimentos de la evolución. En otras palabras, formas de vida completamente nuevas que no sobrevivieron o que llevaron a otros grupos o especies. Irónicamente, Hallucigenia, resultó ser la excepción que confirmó la regla. Hoy se piensa que fue un ancestro de los artrópodos modernos, que incluye cualquier cosa con un exoesqueleto duro, desde moscas y mariposas a ciempiés y cangrejos. Muchas otras de esas extrañas criaturas resultan ser caras familiares disfrazadas.

Ahora otro malentendido ha sido eliminado. En un artículo publicado en Nature por un equipo de investigadores encabezado por Peter van Roy de la Universidad de Yale sugiere que la repentina ausencia de estos fósiles de cuerpo blando no se debió a una extinción masiva, sino a la modificación de las condiciones inusuales que permitían su conservación. En una zona del Atlas marroquí los investigadores han encontrado otra colección de organismos de cuerpo blando de una época no muy posterior a Burgess Shale, el Ordovícico. Esto sugiere que la evolución de esa vida extraña continuó sin interrupción. Por su parte, Burgess Shale continúa produciendo un increíble abanico de criaturas increíbles a una velocidad mayor de lo que los paleontólogos pueden examinarlas.

Referencia:

Van Roy, P., Orr, P., Botting, J., Muir, L., Vinther, J., Lefebvre, B., Hariri, K., & Briggs, D. (2010). Ordovician faunas of Burgess Shale type Nature, 465 (7295), 215-218 DOI: 10.1038/nature09038

3 comentarios:

copepodo dijo...

Faunas cámbricas en el ordovícico, y hace poco se descubrió el fósil de un artrópodo que parecía un anomalocarínido (también típico de Burgess Shale) en el devónico, nada menos. Sin duda la interpretación de estos tipos de fauna está cambiando mucho últimamente.

César dijo...

Efectivamente, te estás refiriendo al Schinderhannes bartelsi . En este enlace hay todo un tratamiento con una magnífica introducción a la fauna cámbrica de Burgess Shale: http://copepodo.wordpress.com/2009/03/02/comentario-critico-acerca-de-la-posicion-schinderhannes-bartelsi-agarraos-los-machos/ . Para no ser un blog de ciencia está genial.

Copépodo dijo...

¡Guau! No se te escapa una. El bloj ese que enlazas no es muy fiable, pero sí, a ese fósil era justo al que me refería. Me parto.