miércoles, 8 de julio de 2009

Un fármaco usado en transplantes alarga significativamente la vida en mamíferos.


Un fármaco usado para prevenir el rechazo de los órganos transplantados y como tratamiento experimental del cáncer en humanos puede alargar significativamente la vida de ratones adultos. Los ratones a los que se les administró el inmunodepresor rapamicina vivieron en promedio entre un 9 y un 14% más que los ratones a los que no se les administró el fármaco, según un artículo publicado hoy en Nature.

El 9% no parece mucho y sin embargo es un número muy respetable. Pensemos que se trata de un promedio. Si se erradicasen todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento, desde el cáncer a la arteriosclerosis, el promedio de incremento de la duración de la vida en los humanos sería, por poco, ¡menor del 9%! Este cálculo lo aporta David E. Harrison, del Laboratorio Jackson (EE.UU.), autor principal del artículo.

En 1964, un grupo de científicos canadienses llegó a la Isla de Pascua con el objetivo de estudiar la salud de la aislada población local. De paso, recogieron muestras del suelo y de materiales biológicos, sin saber que una de ellas escondía un tesoro: una bacteria que secretaba un nuevo antibiótico, que demostró ser un potente fungicida. El compuesto fue nombrado rapamicina, en referencia a Rapa-Nui, nombre tradicional de la Isla de Pascua.

La rapamicina actúa bloqueando una sola proteína, una enzima llamada diana de la rapamicina (TOR, por sus siglas en inglés). El bloqueo de las acciones de la TOR afecta a la longevidad de las cuatro especies modelo que se emplean para estudiar el envejecimiento: levaduras, gusanos, moscas y, ahora, ratones. Esto indicaría que muy probablemente sea efectiva en humanos.

La TOR también tiene conexiones con uno de los pocos métodos seguros de incrementar la vida de un ratón: la dieta restrictiva. Cuando los ratones y otros roedores ingieren menos calorías (sin cruzar la barrera de la malnutrición) viven más y su TOR se vuelve menos activa. Puede leerse a este respecto: Como el comer poco hace que vivas más.

Como ya se había probado que la rapamicina alargaba la vida de los invertebrados modelo, no fue una completa sorpresa que lo hiciese también en los ratones. Lo que sí resultó sorprendente es que los ratones del estudio que vivieron más no recibieron rapamicina hasta que tuvieron 600 días de edad (lo que en un humano serían 60 años). Otras intervenciones antienvejecimiento no han sido tan efectivas tan tarde en la vida de un organismo. Esto abre una oportunidad terapéutica magnífica, ya que casi todo lo que se ha probado que alarga significativamente la vida lo hace a costa de la forma física, habitualmente paralizando el crecimiento o reduciendo la capacidad reproductiva. Una píldora antienvejecimiento basada en rapamicina que se administre en la mediana edad podría hacer de estos inconvenientes, graves para una persona joven, naderías.

Todavía se están estudiando los efectos de la ingesta de rapamicina en las células de ratones y aún estamos muy lejos de un producto de uso humano. No se debe, repetimos, no se debe utilizar el producto actualmente disponible que, recordamos, es un potente inmunodepresor administrado en condiciones hospitalarias, bajo el más estricto control médico e higiene extrema. Pues, por alargar la vida, nos estaríamos matando.

Referencia:

Harrison, D., Strong, R., Sharp, Z., Nelson, J., Astle, C., Flurkey, K., Nadon, N., Wilkinson, J., Frenkel, K., Carter, C., Pahor, M., Javors, M., Fernandez, E., & Miller, R. (2009). Rapamycin fed late in life extends lifespan in genetically heterogeneous mice Nature DOI: 10.1038/nature08221