viernes, 15 de junio de 2012

De cómo el consumo regular de productos con edulcorantes artificiales produce obesidad


Digámoslo claro desde el principio: los edulcorantes artificiales como la sacarina confunden al encéfalo y pueden provocar que se coma en exceso. Es la conclusión a la que se llega después de una serie de estudios realizados en los últimos años. Ahora un trabajo realizado [1] por Erin Green (Universidad de California en San Diego) y Claire Murphy (Universidad del Estado en San Diego) pone de manifiesto el mecanismo subyacente. Los resultados se publican en Physiology & Behavior.

La clave del hallazgo de Green y Murphy está en el hecho de que el encéfalo procesa los sabores dulces de forma diferente dependiendo de si una persona consume regularmente bebidas refrescantes en las que se usen edulcorantes artificiales, habitualmente conocidas como “light”, “lite”, “diet” o términos similares. Dicho de otra forma: los encéfalos de los bebedores de bebidas light no diferencian adecuadamente entre sacarosa (azúcar) y sacarina (edulcorante).

Green y Murphy reclutaron a 24 voluntarios sanos, 12 de ellos consumidores regulares (al menos una vez al día) de bebidas light, los otros 12 no las consumían nunca o muy rara vez, y los sometieron a resonancia magnética funcional (fMRI) tras 12 horas de ayuno. Mientras estaban siendo sometidos a los escáneres los investigadores bombeaban pequeñas cantidades de agua edulcorada, bien con sacarosa (edulcorante vegetal) bien con sacarina (edulcorante artificial), en orden aleatorio, a las bocas de los sujetos, y se les pedía que evaluasen lo agradable de su sabor.

Tanto los consumidores de productos light, como los que no, evaluaron los dos edulcorantes como igualmente agradables e intensos. Pero las regiones que se iluminaban en los fMRI variaban de forma muy significativa entre un grupo y otro.

Veamos esas variaciones técnicamente primero y después analizaremos qué significa la jerga. A diferencia de los que no, los bebedores de productos light mostraban una mayor activación provocada por el sabor dulce en el mesencéfalo dopaminérgico (incluida el área tegmental ventral) y en la amígdala derecha. La sacarina provocaba una respuesta mayor que la de la sacarosa en el córtex orbitofrontal derecho (área de Brodmann 47) en los no consumidores de bebidas light, pero, y esto es lo más interesante, no había diferencias en las respuestas registradas por fMRI a ambos edulcorantes en los consumidores de productos light.

Por si lo anterior no fuese suficientemente llamativo, dentro de los consumidores de productos light los autores encuentran una correlación negativa entre la activación de la cabeza del núcleo caudado derecho en respuesta a la sacarina y la cantidad de bebidas light consumidas a la semana: cuantas más se consumían menor la activación de esta parte del núcleo caudado derecho.

Para entendernos, las regiones cerebrales afectadas están asociadas con darnos una sensación agradable o de recompensa como respuesta a sensaciones deseables. En el caso de los consumidores habituales encontramos que hay una activación más generalizada, pero independiente de si es light o normal, en las áreas de recompensa.

La disminución de la activación en la cabeza del núcleo caudado derecho con el consumo regular de bebidas light es muy marcada. Y muy importante, ya que este área está asociada con la motivación y el sistema de recompensa de la comida. Es fácil comprender que si este área se activa menos con un determinado consumo de alimento, tenderemos a ingerir más para obtener una respuesta satisfactoria. Se asocia así con el riesgo de obesidad.

Es decir, el consumo regular de bebidas light confunde al encéfalo de tal manera que los sensores de dulzor ya no pueden calibrar de forma fiable cuánta energía estamos consumiendo. Esta sería la explicación de la paradoja de por qué el consumo regular de productos light está asociado con la obesidad. La persona que no es obesa se vuelve obesa, y quien lo es empeora (o no mejora) su condición. Y ello se podría deber a que en la dieta se alternan productos light con otros que no lo son (un ejemplo extremo sería trozo de tarta más café siempre con sacarina).

El año pasado Davidson et al. [2] probaron esto mismo en ratas. Los animales que siempre recibían un yogur light (con sacarina) aprendieron a modular su ingesta de comida para tener en cuenta la falta de aporte calórico del yogur. Pero los animales a los que se les daba alternativamente un yogur light y otro normal, ganaron sustancialmente mucha más grasa corporal. 

El encéfalo usa normalmente una relación aprendida entre el sabor dulce y el suministro de calorías para ayudar a regular el aporte de comida. Pero cuando la comida dulce aporta inesperadamente calorías extra, el encéfalo se encuentra con que no sabe qué esperar. Así, este regulador de la ingesta de comida pasa a ignorar los sabores dulces en sus predicciones del contenido energético de la comida, con nefastas consecuencias.

Tres consideraciones finales importantes:
  1. El estudio es lo que es y dice lo que dice. Habrá de ser repetido y aumentar así el número de sujetos analizados y corregir por distintos factores que pueden influir.

  2. No obstante lo anterior, cada vez hay mayor cantidad de indicios que indicarían claramente que hay una relación causa-efecto entre ingesta regular de productos light y obesidad.

  3. Consumir refrescos no light, no es la solución. Véase ¡Ojito con la fructosa!. La mejor bebida para el hombre es el agua, seguida de los zumos de frutas a partir de las propias frutas, sin añadidos.
Referencias:

[1] Green E, & Murphy C (2012). Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers. Physiology & behavior PMID: 22583859

[2] Davidson TL, Martin AA, Clark K, & Swithers SE (2011). Intake of high-intensity sweeteners alters the ability of sweet taste to signal caloric consequences: implications for the learned control of energy and body weight regulation. Quarterly journal of experimental psychology (2006), 64 (7), 1430-41 PMID: 21424985

5 comentarios:

Juan Ignacio Pérez dijo...

Este trabajo es muy interesante, pero me cuesta aceptar que los centros de recompensa jueguen un papel tan importante en la regulación de la ingesta calórica. Como bien dices hacia el final, requiere más investigación para valorar las conclusiones provisionales a que se llega aquí. En todo caso, yo creo que los alimentos "light", "low fat" y equivalentes están causando más problemas dietéticos que los que pudieran resolver, y me temo que por más de una razón. Muy interesante el asunto, y muy bien contado.

Papyrus dijo...

Interesante tema al que vengo siguiendo la pista desde hace un tiempo.

Solamente una observación. Hablar de alimentos light puede llevar a confusión, ya que no todos ellos contienen edulcorantes artificiales (por ejemplo una mayonesa). Es decir, en mi modesta opinión, yo hablaría de edulcorantes artificiales y no de alimentos light.

Interesante artículo. Gracias.
Un saludo

César dijo...

Muchas gracias a ambos.

@Papyrus Tienes razón. Cambiado. Gracias.

Santiago Gala dijo...

Los zumos de frutas son bastante peligrosos también: contienen mucha fructosa sin fibra. Ese es el mensaje de Lustig en "Sugar, the Bitter Truth", y creo que tiene razón.

En mi opinión, la bebida, no siendo agua, mejor para socializar es la cerveza sin alcohol: la maltosa es glucosa+glucosa, poco dañina.

Anónimo dijo...

Muy interesante el tema de los edulcorantes, a ver si se va haciendo luz en futuros estudios. Aunque reniego de lo light, tengo cierta esperanza en los edulcorantes, a ver si la ciencia ayuda a encontrar los mejores y más efectivos.

Santiago, si no me equivoco, a la cerveza le queda muy poca maltosa tras su fabricación. Me parece que lo peor que tiene es su recientemente calculado índice glucémico, que es muy elevado, incluso aunque no tenga alcohol. Te recomiendo leer esto:

http://loquedicelacienciaparadelgazar.blogspot.com/2012/06/la-cerveza-engorda-mas-de-lo-que-se.html

Un saludo.