El mantra que se repite continuamente
es que las dietas deben ser bajas en grasas y que se debe comer
frecuentemente mientras se esté despierto. Hace algo más de dos
años explicábamos que cuándo comes puede ser tan importante como qué comes. Hoy vamos a ver que puede ser incluso más importante. Comer en
horarios regulares e incrementar la parte del día en la que se ayuna
podría compensar los efectos perniciosos para la salud de una dieta
rica en grasas y prevenir de esta manera la obesidad, la diabetes y
las enfermedades hepáticas, al menos en ratones. Los resultados los
publica el mismo equipo de investigación del Instituto Salk
(EE.UU.), esta vez encabezado por Megumi Hatori, en Cell
Metabolism.
El objetivo del estudio era determinar si la obesidad y las
enfermedades metabólicas son una consecuencia efectivamente de una
dieta rica en grasas o de la interrupción de los ciclos metabólicos.
En esencia, las conclusiones de los autores son que los ratones que
vieron limitado su horario de acceso a la comida a 8 horas son más
sanos que los ratones que tenían acceso a ella, y comían, durante
las 24 horas del día, independientemente de la calidad y del
contenido de la dieta.
Los investigadores alimentaron dos grupos de ratones, con los
mismos genes, sexo y edad, con una dieta en la que el 60% de las
calorías provenía de grasas (como si te alimentaras sólo y
exclusivamente de patatas fritas o helado). Un grupo de ratones podía
comer siempre que quisiese, consumiendo la mitad de su comida de
noche (los ratones son nocturnos) y picoteando durante el resto del
día. El otro grupo tenía un acceso temporal restringido (ATR) a la
comida a 8 horas por la noche o, visto desde otro punto de vista,
ayunaba 16 horas al día. Otros dos grupos de control comieron una
dieta estándar con un 13% calorías provenientes de grasas en
condiciones correspondientes a cada uno de los grupos primeros.
Tras 100 días, los ratones que comían alimentos grasos a lo
largo de todo el día ganaron peso y desarrollaron altos niveles de
colesterol y de glucosa en sangre así como daños hepáticos y una
disminución del control motor. Por su parte, los ratones ATR que
habían ingerido el mismo tipo de comida grasa pesaban un 28% menos y
no mostraban efectos adversos en su salud a pesar de ingerir la misma
cantidad de calorías que los del otro grupo. No sólo eso, en las
pruebas motoras los ratones ATR tenían mejores resultados que los
ratones de acceso libre a la comida con dieta normal.
¡Ojo! No debemos caer en la tentación de saltar a la
conclusión de que no pasa nada si comemos un montón de comida grasa
siempre que después ayunemos. Estos resultados son indiciarios de
que el ayuno diario es capaz de combatir los efectos perniciosos de
una dieta no saludable hasta cierto punto más o menos significativo.
Pero, primero, el estudio está hecho en ratones y, segundo, todo
mecanismo de compensación tiene sus límites.
¿Qué ocurre entonces?¿Qué mecanismo es el que entra en acción
para que el ATR tenga estos efectos? Durante mucho tiempo se ha
asumido que la causa de la obesidad inducida por la dieta en ratones
es nutricional (qué y cuánto se come); sin embargo estos resultados
ponen de manifiesto que el reparto de la ingesta calórica a lo largo
del día podría contribuir también a ella perturbando las rutas
metabólicas gobernadas por los relojes circadianos y los sensores
nutricionales.
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| Hígado de ratones con acceso a la comida grasa 24h (izq.) y en ATR (dcha.) |
Los investigadores encontraron que el
cuerpo almacena la grasa mientras comemos y que comienza a quemarla
sólo después de unas pocas horas de ayuno. Cuando comemos
frecuentemente el cuerpo está en modo almacenamiento,
incrementando el número de células de grasa y células hepáticas,
lo que a la larga puede dar lugar a daños en el hígado. En estas
condiciones el hígado fabrica continuamente glucosa (el combustible
celular), lo que aumenta los niveles de azúcar en sangre. La
alimentación ATR, por otro lado, reduce la producción de grasa
libre, glucosa y colesterol y hace mejor uso de ellos. Permite el
paso al modo consumo, con lo que se disminuye drásticamente
el almacenamiento de grasa y se activan los mecanismos de quema de
ésta, lo que mantiene sanas a las células hepáticas y disminuye
los niveles de grasa almacenada, con lo que se reduce la grasa
corporal total.
Los autores también encuentran que el ciclo diario de
alimentación-ayuno en ATR activa las enzimas del hígado que rompen
el colesterol para formar los ácidos biliares, activando el
metabolismo de la grasa parda, un tipo de “grasa buena” que
convierte las calorías de más en calor. Por tanto, el cuerpo
literalmente quema grasas durante el período de ayuno. El hígado
también cesa la producción de glucosa durante varias horas, lo que
ayuda a reducir la glucosa en sangre. Los materiales que hubieran ido
a la glucosa de más en sangre se emplean en moléculas que reparan
las células dañadas y en fabricar nuevo ADN. Esta reparación de
células ayuda a prevenir la inflamación crónica que está asociada
con el desarrollo de enfermedades cardíacas, algunos tipos de
cáncer, los infartos cerebrales e, incluso, el Alzheimer. Hatori et
al. han podido comprobar que, efectivamente, la inflamación
crónica de grado bajo se ve reducida.
En conclusión, comer en horarios regulares durante el día y
ayunar completamente durante la noche podría resultar ser muy
beneficioso. Pero habrá que esperar a estudios con humanos para
poder afirmarlo con rotundidad.
Esta entrada es una participación de Experientia docet en la XII Edición del Carnaval de Biología que organiza Caja de ciencia.
Esta entrada es una participación de Experientia docet en la XII Edición del Carnaval de Biología que organiza Caja de ciencia.
Referencia:
Hatori, M., Vollmers, C., Zarrinpar, A., DiTacchio, L., Bushong, E., Gill, S., Leblanc, M., Chaix, A., Joens, M., Fitzpatrick, J., Ellisman, M., & Panda, S. (2012). Time-Restricted Feeding without Reducing Caloric Intake Prevents Metabolic Diseases in Mice Fed a High-Fat Diet Cell Metabolism DOI: 10.1016/j.cmet.2012.04.019


