viernes, 18 de mayo de 2012

Efecto del horario de comidas en la acumulación de grasa y patologías asociadas.



El mantra que se repite continuamente es que las dietas deben ser bajas en grasas y que se debe comer frecuentemente mientras se esté despierto. Hace algo más de dos años explicábamos que cuándo comes puede ser tan importante como qué comes. Hoy vamos a ver que puede ser incluso más importante. Comer en horarios regulares e incrementar la parte del día en la que se ayuna podría compensar los efectos perniciosos para la salud de una dieta rica en grasas y prevenir de esta manera la obesidad, la diabetes y las enfermedades hepáticas, al menos en ratones. Los resultados los publica el mismo equipo de investigación del Instituto Salk (EE.UU.), esta vez encabezado por Megumi Hatori, en Cell Metabolism.

El objetivo del estudio era determinar si la obesidad y las enfermedades metabólicas son una consecuencia efectivamente de una dieta rica en grasas o de la interrupción de los ciclos metabólicos. En esencia, las conclusiones de los autores son que los ratones que vieron limitado su horario de acceso a la comida a 8 horas son más sanos que los ratones que tenían acceso a ella, y comían, durante las 24 horas del día, independientemente de la calidad y del contenido de la dieta.

Los investigadores alimentaron dos grupos de ratones, con los mismos genes, sexo y edad, con una dieta en la que el 60% de las calorías provenía de grasas (como si te alimentaras sólo y exclusivamente de patatas fritas o helado). Un grupo de ratones podía comer siempre que quisiese, consumiendo la mitad de su comida de noche (los ratones son nocturnos) y picoteando durante el resto del día. El otro grupo tenía un acceso temporal restringido (ATR) a la comida a 8 horas por la noche o, visto desde otro punto de vista, ayunaba 16 horas al día. Otros dos grupos de control comieron una dieta estándar con un 13% calorías provenientes de grasas en condiciones correspondientes a cada uno de los grupos primeros.



Tras 100 días, los ratones que comían alimentos grasos a lo largo de todo el día ganaron peso y desarrollaron altos niveles de colesterol y de glucosa en sangre así como daños hepáticos y una disminución del control motor. Por su parte, los ratones ATR que habían ingerido el mismo tipo de comida grasa pesaban un 28% menos y no mostraban efectos adversos en su salud a pesar de ingerir la misma cantidad de calorías que los del otro grupo. No sólo eso, en las pruebas motoras los ratones ATR tenían mejores resultados que los ratones de acceso libre a la comida con dieta normal.

¡Ojo! No debemos caer en la tentación de saltar a la conclusión de que no pasa nada si comemos un montón de comida grasa siempre que después ayunemos. Estos resultados son indiciarios de que el ayuno diario es capaz de combatir los efectos perniciosos de una dieta no saludable hasta cierto punto más o menos significativo. Pero, primero, el estudio está hecho en ratones y, segundo, todo mecanismo de compensación tiene sus límites.

¿Qué ocurre entonces?¿Qué mecanismo es el que entra en acción para que el ATR tenga estos efectos? Durante mucho tiempo se ha asumido que la causa de la obesidad inducida por la dieta en ratones es nutricional (qué y cuánto se come); sin embargo estos resultados ponen de manifiesto que el reparto de la ingesta calórica a lo largo del día podría contribuir también a ella perturbando las rutas metabólicas gobernadas por los relojes circadianos y los sensores nutricionales.

Hígado de ratones con acceso a la comida grasa 24h (izq.) y en ATR (dcha.)
Los investigadores encontraron que el cuerpo almacena la grasa mientras comemos y que comienza a quemarla sólo después de unas pocas horas de ayuno. Cuando comemos frecuentemente el cuerpo está en modo almacenamiento, incrementando el número de células de grasa y células hepáticas, lo que a la larga puede dar lugar a daños en el hígado. En estas condiciones el hígado fabrica continuamente glucosa (el combustible celular), lo que aumenta los niveles de azúcar en sangre. La alimentación ATR, por otro lado, reduce la producción de grasa libre, glucosa y colesterol y hace mejor uso de ellos. Permite el paso al modo consumo, con lo que se disminuye drásticamente el almacenamiento de grasa y se activan los mecanismos de quema de ésta, lo que mantiene sanas a las células hepáticas y disminuye los niveles de grasa almacenada, con lo que se reduce la grasa corporal total.

Los autores también encuentran que el ciclo diario de alimentación-ayuno en ATR activa las enzimas del hígado que rompen el colesterol para formar los ácidos biliares, activando el metabolismo de la grasa parda, un tipo de “grasa buena” que convierte las calorías de más en calor. Por tanto, el cuerpo literalmente quema grasas durante el período de ayuno. El hígado también cesa la producción de glucosa durante varias horas, lo que ayuda a reducir la glucosa en sangre. Los materiales que hubieran ido a la glucosa de más en sangre se emplean en moléculas que reparan las células dañadas y en fabricar nuevo ADN. Esta reparación de células ayuda a prevenir la inflamación crónica que está asociada con el desarrollo de enfermedades cardíacas, algunos tipos de cáncer, los infartos cerebrales e, incluso, el Alzheimer. Hatori et al. han podido comprobar que, efectivamente, la inflamación crónica de grado bajo se ve reducida.

En conclusión, comer en horarios regulares durante el día y ayunar completamente durante la noche podría resultar ser muy beneficioso. Pero habrá que esperar a estudios con humanos para poder afirmarlo con rotundidad.

Esta entrada es una participación de Experientia docet en la XII Edición del Carnaval de Biología que organiza Caja de ciencia.


Referencia:

Hatori, M., Vollmers, C., Zarrinpar, A., DiTacchio, L., Bushong, E., Gill, S., Leblanc, M., Chaix, A., Joens, M., Fitzpatrick, J., Ellisman, M., & Panda, S. (2012). Time-Restricted Feeding without Reducing Caloric Intake Prevents Metabolic Diseases in Mice Fed a High-Fat Diet Cell Metabolism DOI: 10.1016/j.cmet.2012.04.019
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