miércoles, 16 de diciembre de 2009

La plasticidad de la mente humana: el recuerdo de los movimientos corporales es cultural.


¿Conocen todos los humanos de la misma manera? ¿Existen diferencias cognitivas entre las culturas? En un nuevo estudio que se publica en Current Biology, Daniel Haun y Christian Rapold, del Instituto Max Planck de Psicolingüística (Holanda), presentan un análisis comparativo de cómo los niños de diferentes culturas articulan las relaciones espaciales de diferentes maneras: los alemanes, cuya lengua codifica el espacio preferentemente como “derecha, izquierda, delante, detrás” y los Akhoe Hai||om, un grupo de cazadores recolectores seminómadas del norte de Namibia, cuya lengua codifica el espacio preferentemente como “norte, sur, este, oeste”.

Han habido muchas discusiones sobre la existencia de diferencias cognitivas entre las diferentes culturas humanas: unos afirman que la cognición es esencialmente universal, otros que refleja las características distintivas de la cultura en la que crece el individuo. A pesar del hecho de que el espacio físico sigue las mismas leyes en toda la Tierra, las culturas se diferencian en cómo el espacio se codifica en sus lenguas. Algunos, por ejemplo, no usan términos egocéntricos como “izquierda, derecha, delante, detrás” para hablar de relaciones espaciales, sino alocéntricos como “norte, sur, este, oeste” en todo momento y a todas las escalas. Así, dicen “la cuchara está al norte del plato” o “hay una serpiente en tu pierna norteña”. El que no sólo el lenguaje sino también la cognición espacial varíe entre las culturas sigue siendo una pregunta abierta.

Haun y Rapold ya habían mostrado anteriormente que las culturas se diferencian en la manera en la que representan las localizaciones de los objetos en el espacio. Sin embargo, el saber donde están nuestras propias manos y pies está fuertemente enraizado en el cerebro en varias culturas, lo que llamaríamos cerebros egocéntricos. Por lo tanto, tú, que eres hispanohablante, podrías esperar que todo el mundo recordase sus movimientos corporales esencialmente en la misma manera en que tú lo haces. Este nuevo estudio dice que esta expectativa debe modificarse.

En el estudio de Haun y Rapold, los investigadores pidieron a niños voluntarios que aprendiesen un pequeño baile, durante el que tenían que mover sus manos a la vez de un lado del cuerpo a otro en una secuencia derecha-izquierda-derecha derecha (DIDD). Entonces se les daba la media vuelta (rotaban 180º sobre el eje vertical) y se les pedía que volviesen a bailar (rotación 1). Después volvían a la posición original y bailaban de nuevo (rotación 2). Si los participantes codificaban el baile DIDD en coordenadas egocéntricas deberían producir una secuencia DIDD después de las rotaciones 1 y 2. Por el contrario si se codificaba en coordenadas alocéntricas deberían realizar IDII después de la rotación 1 y DIDD después de la rotación 2. Mientras que casi todos los niños alemanes realizaron bailes centrados en sus cuerpos, la inmensa mayoría de los niños Akhoe Hai||om memorizaron los movimientos de sus extremidades en relación con un sistema de referencia externo basado en el entorno. En otras palabras, para estos niños los brazos no se movían hacia la “derecha” sino hacia el “oeste”.

Este estudio es un magnífico ejemplo de que la mente humana varía entre las culturas más de lo que pensamos. Incluso tareas diarias que no concebimos que se puedan hacer de otra manera, como recordar los movimientos del cuerpo, se hacen de forma diferente en otros lugares. Esto nos debería hacer reflexionar sobre lo poco que sabemos de la cognición humana, y lo que dependemos de culturas que se están extinguiendo para llegar a descubrir algo más de la plasticidad de la mente humana.

Referencia:

Haun, D.B.M. & Rapold, C.J. (2009). Variation in memory for body movements across cultures Current Biology, 19 (23), 1068-1069 : 10.1016/j.cub.2009.10.041