viernes, 4 de diciembre de 2009

Especiación simpátrica por influencia del hombre.


¿Hay algo más inocente que alimentar a los pajaritos? Y sin embargo puede cambiar el futuro evolutivo de una especie, y los cambios se pueden ver a muy corto plazo. Esa es la conclusión de un artículo publicado en Current Biology, por un equipo de la Universidad de Friburgo (Alemania) liderado por Martin Schaefer, en el que demuestra que lo que una vez fue una sola población de pájaros se ha dividido en dos grupos aislados reproductivamente en menos de 30 generaciones, a pesar del hecho de que siguen criando en los mismos bosques.

El aislamiento reproductivo entre estas poblaciones de Sylvia atricapilla (curruca capirotada; en la imagen), que viven juntas parte del año, es ahora mayor que el de otras currucas que están siempre separadas por distancias de más de 800 kilómetros.

Esta separación que han observado los investigadores ha sido posterior al reciente establecimiento de una división migratoria entre las poblaciones de currucas de Europa Central, unas migran al suroeste y otras lo hacen al noroeste, como consecuencia de que los humanos comenzasen a ofrecerles comida en invierno.

Lo dos grupos comenzaron a seguir rutas migratorias distintas (invernando en España y el Reino Unido) y afrontaron distintas presiones selectivas. Bajo estas presiones, los dos grupos se han convertido en ecotipos adaptados localmente. Los ecotipos representan el paso inicial en la diferenciación entre las poblaciones de la misma especie. Si los ecotipos continúan por este camino, pueden terminar convirtiéndose en especies separadas.

La nueva ruta migratoria hacia el noroeste es más corta, y esos pájaros se alimentan de la comida suministrada por los humanos en vez de la fruta que consiguen los que migran hacia España. Como consecuencia, los pájaros que migran al noroeste tienen alas más redondeadas, lo que les da mayor maniobrabilidad pero les hace menos eficaces en la migración de larga distancia. También tienen picos más largos y estrechos, que son menos apropiados para comer las aceitunas que comen los que emigran al suroeste.

Si bien aún no sabemos si estos biotipos terminarán siendo especies diferentes (en este caso influiría el hecho de que los humanos somos volubles), estos hallazgos muestran que no es necesaria la separación geográfica completa para que tenga lugar la especiación, lo que se conoce como especiación simpátrica (la especiación que se produce por el establecimiento de barreras geográficas, la considerada “normal”, se llama alopátrica). Hasta ahora se pensaba que la especiación simpátrica era muy rara en especies de alta movilidad, como los pájaros. Estos resultados muestran no sólo que es posible, y que puede suceder en sólo unos años, sino también que los humanos influimos en ella.

Referencia:

Gregor Rolshausen, Gernot Segelbacher, Keith A. Hobson & H. Martin Schaefer (2009). Contemporary Evolution of Reproductive Isolation and Phenotypic Divergence in Sympatry along a Migratory Divide Current Biology : 10.1016/j.cub.2009.10.061

1 comentario:

mjt dijo...

Descubrí tu blog por casualidad y me chifla. Es cierto, gracias a tí puedo calmar mi sed científica en gran medida. Todo queda muy clarito. A nivel intuitivo, llevo mucho tiempo pensando que al hombre le puede acabar pasando lo mismo que a estos pajaritos. Quizás el proceso ya este iniciado tal y como estan las cosas con nuestra especie. Un saludo y repito, GRACIAS.