martes, 16 de julio de 2013

Creencia y experiencia (y II)

[Esta es la segunda parte de este artículo. Si bien se puede leer independientemente sin pérdida sustancial de contenido, la lectura de la primera parte lo contextualiza.]



¿Por qué el lápiz parece torcido cuando está sumergido parcialmente en agua? La mayoría no se preocupa en encontrar una respuesta; de hecho, no sólo no se plantea la pregunta sino que ni siquiera es consciente de que cabe plantearse una pregunta. Parten de la premisa de que el lápiz es recto todo el tiempo y siguen con sus ocupaciones. Pero hay otras personas con otras mentalidades que sí se la plantean.

Para determinado tipo de personas una posible respuesta sería que estamos ante un acto de un dios destinado a minar la confianza de los humanos en su capacidad de conocer, poniendo de manifiesto el profundo misterio del universo y apuntando a la verdad revelada a través de la casta sacerdotal local (en sentido espaciotemporal) como única vía de conocimiento. Esto puede contentar a unos cuantos.

No así a la minoría de los curiosos profesionales, las personas con mentalidad científica. Estos científicos han sido capaces de producir una explicación científica de por qué el lápiz parece torcido que también tiene su interés filosófico.

Los científicos empiezan hablando del mecanismo de la visión. Su historia dice más o menos así: para ver algo la cosa a ver refleja los rayos de luz y estos rayos de luz entran en el ojo donde se inician una serie de procesos biofísicos, bioquímicos y biológicos que resultan en nuestra consciencia de ver algo.

Pero, como es obvio, antes de ponernos con lo complicado (del ojo para dentro), habría que centrarse en lo fácil (del ojo para fuera): la narrativa científica de qué y cómo se comporta un rayo de luz. Los científicos nos dirán que viajan en líneas rectas , pero que cuando pasan de un medio como el agua a otro como el aire se curvan o refractan en un cierto ángulo.

Armados con estas historias los científicos pueden explicar no sólo por qué los lápices parecen torcidos cuando están semisumergidos en agua, sino también por qué las monedas circulares parecen elípticas si se las mira desde cierto ángulo, o por qué el tablero de una mesa puede ser rectangular o una línea más o menos ancha en función de la posición del observador, y así multitud de fenómenos similares en los que intervienen rayos de luz.

Estas interesantes historias de los científicos nos muestran (suponiendo que las aceptemos) que tenemos toda la razón a la hora de descartar como no válida nuestra experiencia del lápiz que se tuerce al sumergirlo en agua. El científico explica lo que postulamos instintivamente: que el lápiz está recto pero parece torcido. Y la mayoría de nosotros, enfrentados al escéptico epistemológico recalcitrante que dice “pero, ¿puedes probar este postulado?”, responderemos “yo no, pero los científicos sí”.


Sin embargo, estas historias de los científicos tienen sus intríngulis filosóficos, y por eso despiertan un interés añadido.  

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