lunes, 22 de octubre de 2012

La madre de todos los prejuicios



La evolución de la visión del mundo de un adolescente es un tema apasionante. En mi caso, atribuyo a la idealización de la figura del médico que tenía mi madre el querer ser médico desde que tenía uso de razón (existen fotografías y restos de libros que demuestran la seriedad de mi compromiso). Entonces, con 14 años ocurrió Cosmos de Carl Sagan, la serie primero y el libro para Reyes después. Y quise ser físico/astrónomo/científico.

Un efecto colateral de Cosmos fue mi descubrimiento de la figura de Einstein. La fascinación, común a muchos, fue inmediata. Leía todo lo que encontraba en bibliotecas sobre él. De entre todo lo que leía había un punto, sin embargo, que solía pasar sin pena ni gloria, como un dato más, que a mi me llamó poderosamente la atención: su admiración por Baruch Spinoza. Dispuesto a explorar por mi mismo el origen de esa admiración, a los 16 compraba mi primera Ética (una no demasiado buena edición de Bachiller, como me hizo notar mi primo Pedro, estudiante por aquel entonces de filosofía en Salamanca). A esta primera copia han seguido otras cuantas.

¿Imagináis ese momento en que la lectura y meditación de sólo un párrafo supone una revolución en tu forma de ver el mundo? ¿Algo que hace que todo encaje de cierta forma? ¿Una idea que hará que digieras la información de determinada manera el resto de tu vida? A mi me ocurrió con 16 años con el Apéndice del libro I de la Ética. Si sólo tuvieses que leer en tu vida unas páginas de filosofía yo te recomendaría ese apéndice que se lee en menos de 10 minutos; lo puedes encontrar aquí en la obra completa. Una de las ideas principales de ese apéndice y la revolucionaria, según mi punto de vista, cuando se medita, es esta:

[...]Todos los prejuicios que intento indicar aquí dependen de uno solo, a saber: el hecho de que los hombres supongan, comúnmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin […]

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6 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

¿Prejuicios cognitivos o sociales? ¿Habría alguna manera de diferenciarlos? Quiero decir, ¿son mecanismos mentales o la forma en que somos educados?
Y otra más... si son mecanismos mentales que ya tenemos "por nacimiento" ¿no cabría una definición ontológica, algo así como "el hombre está más predispuesto..."? Claro que sería un poco fuerte decir que conocemos la "mentira", habría que clarificar conceptos...

Dani Torregrosa dijo...

César, compartimos una adolescencia parecida, con una salvedad local y temporal... Mi secuencia fue la siguiente:

Quería ser médico-->Cosmos-->Einstein--> [Experientia docet]--> Baruch Espinoza.

Entre el tercer y cuarto paso han pasado treinta años.

No he profundizado mucho en la lectura de Espinoza (por falta de tiempo, todo en su momento), pero lo poco que he leído me ha supuesto un gran placer intelectual, especialmente si viene acompañado de explicaciones como las tuyas. Siempre que leía algo de Einstein aparecía Espinoza, pero nunca lo abordé como se merecía. Más vale tarde que nunca.

Tremendamente agradecido, una vez más. Estos posts son impagables.

Salud!

SolAR dijo...

Qué bueno César, tú leyendo a un judio que nada más habla de Dios.

Por cierto entendistes algo de ese libro?

Abrazos

César dijo...

Es un judío expulsado de su comunidad judía que habla de un dios que es indiscernible de la naturaleza.

Sí algo entendí, sí.

SolAR dijo...

Natural-mente.

:))

Simplicius Simplicisimus dijo...

Una película: "Cesar Tomé... El origen". Gracias. Una frase para toda la vida.