domingo, 11 de noviembre de 2007

Azúcar amargo: el azúcar y las hormonas sexuales.

Ingerir demasiada glucosa y fructosa puede desactivar el gen que regula los niveles de estrógeno y testosterona activos en el organismo, según un estudio realizado en cultivos celulares de células humanas y de ratones que se acaba de publicar en el Journal of Clinical Investigation. Este hallazgo viene a apoyar la idea de que es mejor comer carbohidratos complejos y evitar el azúcar.

El azúcar de mesa está compuesto de glucosa y fructosa, mientras que la fructosa se usa habitualmente en las bebidas azucaradas y en los productos de bajo contenido en grasas (una simple mirada a la composición que aparece en el envoltorio o en el envase nos permitirá confirmarlo).

La glucosa y la fructosa se metabolizan en el hígado. Cuando hay mucho azúcar en la dieta, el hígado la convierte en lípidos (grasas). Usando un modelo en ratones y células hepáticas humanas, el equipo del Dr. Hammond de la Universidad de British Columbia (Canadá) descubrió que un incremento en la producción de lípidos bloquea un gen llamado SHBG (sex hormone binding globulin, globulina ligante de las hormonas sexuales), reduciendo la cantidad de proteína SHBG en la sangre.

La proteína SHBG regula la cantidad de estrógeno y testosterona que está disponible en el cuerpo, es decir, regula qué cantidad de estas hormonas está activa. Si la cantidad de SHBG disminuye habrá más cantidades de testosterona y estrógeno activos en el cuerpo. ¿Y qué implica esto? Mayor riesgo de acné, infertilidad, ovarios poliquísticos y cáncer uterino en las mujeres con sobrepeso.

Las cantidades anormales de SHBG también perturban el delicado equilibrio entre estrógeno y testosterona, que está asociado con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, especialmente en mujeres.

Los médicos miden el nivel de SHBG en sangre para determinar la cantidad de testosterona libre en un paciente, que es una información clave para diagnosticar desórdenes hormonales. Además, los niveles de SHBG se usan para indicar la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Este descubrimiento descarta la suposición de que eran los altos niveles de insulina los que reducían los de SHBG, una postura que nacía de la observación de que los individuos con sobrepeso y pre-diabéticos tienen altos niveles de insulina y bajos niveles de SHBG. Este nuevo estudio prueba que la insulina no es la responsable y que es el metabolismo del azúcar en el hígado el verdadero culpable.


Original: http://content.the-jci.org/articles/view/32249

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