domingo, 17 de julio de 2011

Tu cara no me suena, pero a mi cerebro sí.



Imagina por un momento que naces con la incapacidad de reconocer las caras, incluida la tuya. No distingues a tu madre de una completa desconocida o a tu hermano de un extraño. Se te presenta una disyuntiva: o desarrollas métodos alternativos de reconocer a los tuyos o puedes tener serios problemas en y para tu vida. Uno de estos mecanismos lo hizo famoso Oliver Sacks, neurocientífico que padece este trastorno llamado prosopagnosia, cuando escribió sobre cómo su mujer tenía que llevar un llamativo sombrero para que él la pudiese reconocer.

La prosopagnosia podría explicar comportamientos considerados antisociales o asociales. ¿Cómo te comportarías si esa persona que se aproxima no sabes si es conocido o desconocido, amigo o enemigo? Probablemente hablando poco, esperando obtener pistas que te digan quién tienes delante. Las situaciones sociales serían muy estresantes y terminarías aborreciéndolas, volviéndote solitario. Una persona famosa por este tipo de comportamiento fue el físico Paul Dirac, que se especula con que tuviese este padecimiento. Se estima que el 2,5% de la población padece prosopagnosia congénita en un grado u otro, la mayor parte sin diagnosticar.

Pero, ¿qué ocurre cuando la prosopagnosia es sobrevenida a causa de un accidente? Los cambios en el comportamiento son extremos y familiarmente muy problemáticos, el ejemplo más dramático puede que sea el de una madre que deja de reconocer a sus hijos pequeños. Pero estos cambios también contribuyen a conocer mejor cómo el sistema nervioso gestiona la consciencia, esa punta del iceberg del funcionamiento del encéfalo.

Un estudio [1] llevado a cabo por un equipo de investigadores encabezado por Stéphane Simon, de la Universidad de Ginebra, y publicado en Córtex demuestra cómo el encéfalo continúa procesando la información incluso cuando la consciencia está incapacitada.

Los investigadores estudiaron el cerebro de una paciente que resultó dañado en un accidente desarrollando prosopagnosia. Midieron las respuestas (no conscientes) a caras que deberían resultarle familiares usando imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) y electroencefalogramas (EEG). A la paciente se le mostraron fotos de rostros populares, unos eran famosos antes del accidente y otros ganaron popularidad después, así como rostros de desconocidos. A pesar de que la paciente no pudo reconocer ninguna cara, su actividad cerebral respondió a las caras que ella habría reconocido antes del accidente.

En concreto los resultados de fMRI señalaban que las caras conocidas antes del accidente producían un incremento en la activación del giro fusiforme lateral [en rojo en la imagen] (lo que incluye el área relacionada con el reconocimiento de caras, el área facial fusiforme, AFF) así como en el giro frontal medio derecho, lo que no ocurría con las caras desconocidas. Este efecto no aparecía con las fotos de los famosos posteriores al accidente. Los resultados electrofisiológicos mostraban una discrepancia similar entre conocidos previamente y no conocidos.

Una primera conclusión es que la mera activación de la AFF no es suficiente para producir la consciencia de identidad de la persona, a la vez que se confirma que la AFF participa en la identificación de caras.

Pero la conclusión importante es que el procesamiento continúa a pesar de que haya un impedimento en la consciencia. Usando un símil (que como símil tiene sus limitaciones) la cámara sigue tomando imágenes, el ordenador las sigue procesando pero hay algo en la pantalla que impide mostrar la información procesada. En otras palabras, no es necesaria la pantalla para que el ordenador funcione, no necesitamos la consciencia para reconocer a las personas. Ni siquiera necesitamos la consciencia para tener una respuesta emocional, como demostró otro estudio con personas con prosopagnosia [2]. La consciencia es la punta del iceberg, y tendemos a sobrevalorarla.

Referencias:

[1] Simon, S., Khateb, A., Darque, A., Lazeyras, F., Mayer, E., & Pegna, A. (2011). When the brain remembers, but the patient doesn’t: Converging fMRI and EEG evidence for covert recognition in a case of prosopagnosia Cortex, 47 (7), 825-838 DOI: 10.1016/j.cortex.2010.07.009

[2] Bauer, R. (1984). Autonomic recognition of names and faces in prosopagnosia: A neuropsychological application of the guilty knowledge test Neuropsychologia, 22 (4), 457-469 DOI: 10.1016/0028-3932(84)90040-X

3 comentarios:

Loku dijo...

Yo creía que "el hombre que confundió a su mujer con un sombrero" era un estudio de caso, no una nota autobiográfica

Víc. dijo...

Oliver Sacks no tiene prosopagnosia. Te confundes, si no me equivoco, con un caso de su libro "el hombre que confundió a su mujer con un sombrero". Además, en ese caso en concreto, la mujer no lleva un sombrero peculiar para facilitarle el reconocimiento a su marido, sino que el hombre la confunde con un sombrero e intenta ponérsela (palabras del autor). Ese hombre sí tiene prosopagnosia, aunque el verdadero origen sea una agnosia visual.

César dijo...

Oliver Sacks tiene prosopagnosia.

Véase: http://www.newyorker.com/reporting/2010/08/30/100830fa_fact_sacks