martes, 17 de julio de 2012

La estabilidad de la silla y tu pareja ideal





¿Hasta qué punto nuestras decisiones están determinadas por las circunstancias? Es probable que respondas que bastante pero porque asumes que eres consciente de esas circunstancias y que las sopesas, también conscientemente, a la hora de tomar una decisión que tú crees racional. Permíteme que te lo plantee de una forma ligeramente diferente: ¿hasta qué punto influye en tu posicionamiento político o en tus preferencias a la hora de elegir pareja la silla en la que estás sentado? ¿Te parece absurda la pregunta? Si influyese de alguna manera, ¿qué nos diría eso de tu libertad individual? Sigue leyendo, puede que te sorprendas.

En los últimos años se han realizado experimentos en los que se ha tratado de dilucidar cómo hechos circunstanciales, aparentemente intrascendentes, afectan a nuestra interpretación de las intenciones de los demás y a nuestra toma de decisiones, reforzando la idea (como si hiciese falta) de que buena parte de nuestros juicios y decisiones se toman a nivel inconsciente, por algo que alguien describió como automatismos de mamífero. Así, si a una persona se le ofrece una bebida con hielo en circunstancias en las que una caliente también tendría sentido, ésta interpreta que los presentes no la acogen, mientras que si se le ofrece una caliente se siente bienvenida. Si esto suena extraño aún lo es más el que si haces que votantes se sienten en sillas que se inclinan hacia la izquierda consigues que simpaticen más con políticas asociadas con la izquierda [1].

Acaba de aparecer otro estudio [2] encabezado por David Kille, de la Universidad de Waterloo (Canadá), que ha sido aceptado para publicación en Psychological Science, que también se centra en el efecto del mobiliario. Sugiere que algo tan trivial como la estabilidad de sillas y mesas tiene su efecto en nuestras percepciones y deseos.

Los investigadores pidieron a la mitad de sus 47 voluntarios, estudiantes sin vínculos sentimentales, que se sentasen en una silla ligeramente coja frente a una mesa tampoco demasiado estable mientras realizaban la tarea asignada. La otra mitad se sentaron en sillas frente a mesas que eran idénticas a las del otro grupo pero sin que ni unas ni otras cojeasen.

Una vez sentados los participantes tenían que juzgar la estabilidad de las relaciones de cuatro parejas de famosos: Barack y Michelle Obama, David y Victoria Beckham, Jay-Z y Beyoncé y Johnny Depp y Vanessa Paradis [me informan de que esta pareja parece ser que ya se habría disuelto]. Para emitir su juicio los participantes valoraban en una escala del 1 al 7 la probabilidad de que la pareja se rompiese en los próximos cinco años, siendo 1 “muy poco probable” y 7 “con toda probabilidad”.

Tras haber hecho esto, los participantes tenían que calificar sus preferencias por varios rasgos de una posible pareja. Los rasgos incluían algunos que un estudio piloto previo indicaba que se asociaban con el sentido de estabilidad psicológica (por ejemplo, digna de confianza o responsable), otros asociados con inestabilidad psicológica (espontanea, aventurera) y un tercer grupo sin asociación con la estabilidad o la inestabilidad (cariñosa, divertida). Los sujetos valoraron cada rasgo en una escala del 1 al 7, con 1 siendo “para nada deseable” y 7 “extremadamente deseable”.

Los resultados ponen de manifiesto que, igual que las bebidas frías nos llevan a la percepción de que las condiciones sociales también lo son, las sensaciones de inestabilidad física nos llevan a percepciones de inestabilidad social. Los participantes que se sentaron en sillas cojas a mesas cojas otorgaron a las parejas de famosos una puntuación de estabilidad promedio de 3,2, mientras que los que usaron mobiliario estable dieron un 2,5.

Pero lo que llama particularmente la atención es que los que se sentaban en las sillas inestables no sólo veían inestabilidad en las relaciones de los demás sino que valoraban más la estabilidad en las propias. Dieron a los rasgos que se relacionan con la estabilidad en sus posibles parejas un promedio de 5,0, mientras que los que usaron mobiliario estable dieron a estos mismos rasgos 4,5. No es una gran diferencia, pero es estadísticamente significativa.

Si sólo un poco de inestabilidad ambiental parece favorecer el deseo de una roca emocional a la que aferrarse, no quiero ni pensar lo que pueden estar pasando algunas parejas en los tiempos en que vivimos.

Referencias:

[1] Daniel M. Oppenheimer, & Thomas E. Trail1 (2010). Why Leaning to the Left Makes You Lean to the Left: Effect of Spatial Orientation on Political Attitudes Social Cognition, 28 (5), 651-661 : 10.1521/soco.2010.28.5.651

[2] David Kille, Amanda Forest, Joanne Wood (2012) Psychological Science [Título definitivo y DOI pendientes]

7 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

Interesante...
Pero me parece que no todo está determinado por este tipo de cosas: quiero decir que ante una misma situación se pueden tener reacciones totalmente diversas. Está el carácter de la persona y aún más su fuerza de voluntad. Viktor Frankl decía que el hombre era el ser capaz de diseñar el horror de las cámaras de gas de los campos de concentración pero también el que entraba en dichas cámaras sabiendo que lo iban a matar con la cabeza bien alta y cantando un himno hebreo.

Estudiante dijo...

47 voluntarios me parece una muestra demasiado pequeña para darle fiabilidad. Si me hubieras dicho 100, pues aun a lo mejor le daría un voto de confianza.

Estudiante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Muestra que tenemos una parte irracional que debe ser dominada por la racional. Así la razón y sentimientos sinceros influirán más que las circunstancias

djlenneryds dijo...

@Ununcuadio

Ustedes (los psiquitras, entre otros) y su Victor Frankl. Lo que lo haya llevado a soportar el holocausto es lo relevante, así como con todos los seres vivos, las causas de su comportamiento.

Toda persona tiene sus creencias (las de Frankl), que funcionan mejor en unos ambientes que en otros (holocausto). Éstas vienen de un conjunto de experiencias vivídas (vida de Frankl anterior al holocausto), hasta llegar al momento en que no hay creencias (bebé Frankl) y es en esas etapas donde toda reacción al ambiente del nene es emocional y carente de creencias puesto que el bebé no ha vivido experiencias conscientemente recordables, entonces el hecho de que cada bebé que nace reaccione diferente a un mismo estímulo (de los millones de bebés que han nacido la probabilidad de que por lo menos dos hayan recibido un mismo estímulo en las mismas cirscunstacias es mayor a 1) devela la pista de que los genes determinan todo el comportamiento de la vida de un ser humano.

Esa genética hace que el bebé reaccione bien o mal a los estímulos, y es esa reaccion genética la que va construyendo todas las creencias buenas o malas que van a reforzar a la misma genética a lo largo de su vida.

Referencias:
Muchas, pero me acuerdo de ésta:
http://www18.homepage.villanova.edu/diego.fernandezduque/Teaching/PhysiologicalPsychology/zCurrDir4200/CurrDirGeneticsTraits.pdf

Anónimo dijo...

Interesante artículo, recomiendo leer "La Lógica Oculta de la Vida" de Tium Harford, al parecer el comportamiento más irracional, es al fin y al cabo, racional: La teoría de la elección racional ;)

Ununcuadio Uuq dijo...

@djlenneryds

No soy psiquiátra, aunque lo considero una profesión interesante. Según tengo entendido nuestra personalidad está formada por el temperamento (puros genes heredados y/o mutados) y el carácter (sobre el que influyen la voluntad del sujeto y sus circunstancias X). De ahí que piense que el valor de la genética en nuestra especie es relativo: recibimos algo, y con eso hacemos lo que queremos/podemos. Claro que influyen las circunstancias en las que vivimos, pero más allá de eso, aún nos queda cierta libertad de decidir/elegir. Lo de pensar que estamos determinados por la genética viene del siglo XIX (o eso estudié en el cole) que pensaban que por ser hijo de borrachos, estabas "condenado" a serlo.
Por cierto, en la carrera, en la asignatura de Genética, estábamos estudiando una anomalía que se traducía en un Síndrome que hacía al individuo violento y con retraso mental. Se empezó a hacer un estudio sobre la correlación de esas personas que terminaban en la cárcel..., y se dejó de hacerlo porque, según explicó el profesor, "a que madre le vas a decir que su hijo además de tener una enfermedad va a acabar irremisiblemente en prisión".
Lo dicho: que hay muchos más factores a tener en cuenta.
Un saludo