miércoles, 30 de septiembre de 2009

El contagio emocional se produce inconscientemente a través de vías neurológicas evolutivamente antiguas.


Dos pacientes, ciegos lateralmente debido a haber sufrido daños en una parte de sus cerebros, demostraron que eran capaces de percibir, de forma no consciente, y responder a las emociones expresadas en una serie de fotografías. El estudio, llevado a cabo por un equipo internacional liderado por Marco Tamietto y Beatrice de Gelder de la Universidad de Tilburg (Holanda), encontró que los pacientes contraían inconscientemente un músculo facial implicado exclusivamente en sonreir cuando la fotografía mostraba una persona feliz o un músculo implicado en fruncir el ceño cuando la persona de la fotografía mostraba miedo. Los resultados aparecerán publicados en los Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los pacientes, ambos del Reino unido, padecen una afección poco común conocida como ceguera cortical parcial. Sus ojos están intactos pero tienen un daño en el córtex visual en un lado de su cerebro. Esto significa que no pueden procesar la información del campo visual del lado contrario, es decir, si el daño está en el lado izquierdo no pueden procesar lo que percibe su ojo derecho y viceversa.

A los dos pacientes se les enseñó una mezcla al azar de imágenes de personas que parecían felices o temerosas [parecida a la de la imagen], cada una durante dos segundos, una tras otra en rápida sucesión. Las fotografías, que mostraban las emociones tanto a través de expresiones faciales como de lenguaje corporal, se expusieron en el campo visual que podían ver y después en su lado ciego. Se les pidió que pulsaran un botón después de cada imagen para indicar la emoción que habían reconocido, o adivinado.

Adicionalmente los investigadores aplicaron electrodos especiales a las caras de los pacientes, lo que les permitía medir contracciones muy débiles de pequeños músculos implicados en la expresión de emociones, contracciones de las que habitualmente no nos damos cuenta.

Los pacientes contraían el músculo cigomático mayor al sonreir cuando se les mostraban las caras felices y el superciliar al fruncir el entrecejo ante las caras de miedo. La respuesta era la misma independientemente de si las fotografías se presentaban en el campo visible o en el ciego. Llamativamente la respuesta era más rápida cuando las imágenes se mostraban al lado ciego, quizás porque no había una evaluación emocional consciente para retrasar las cosas.

Estos resultados indicarían que nuestra tendencia espontánea a sincronizar nuestras expresiones faciales con las de otras personas en situaciones cara a cara (lo que se llama contagio emocional) tiene lugar incluso si no somos capaces de verlas conscientemente.

Es interesante resaltar que los sujetos no estaban imitando la expresión de otros, ya que sus caras respondían tanto si la emoción era expresada por una cara como si lo era por lenguaje corporal.

Mucha de la información visual que entra por la retina va directamente al córtex visual, que procesa la información de tal manera que somos conscientes de la imagen a la que estamos mirando. Pero una parte pequeña va directamente al mesencéfalo, a través de una conexión subcortical que es primitiva desde el punto de vista evolutivo. Esta conexión primitiva, que procesa las emociones y otras informaciones claves para la supervivencia, está intacta en ambos pacientes.

Por lo tanto, cabe interpretar los resultados como indicativos de que el contagio emocional se produce vía estructuras neurológicas evolutivamente antiguas y que no requiere necesariamente ni de la participación de las partes del cerebro más evolucionadas, ni de la consciencia visual ni de la participación de las neuronas espejo que se activan cuando reconocemos las acciones físicas de los demás.

Referencia:

(Pendiente de publicación. DOI: 10.1073/pnas.0908994106 )

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